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Gonzalo Silva Rivas 14 Mayo 2013 - 3:15 pm

Notas al vuelo

Mala onda

Gonzalo Silva Rivas

El daño que el fenómeno de la violencia en sus variopintas manifestaciones le hace a la imagen del país es demoledor.

Por: Gonzalo Silva Rivas
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Pese a los esfuerzos por visibilizar logros positivos y a que en el escenario global existen naciones que padecen niveles de criminalidad más profundos que los nuestros, el imaginario internacional sobre la realidad nacional parece haber quedado detenido en el lamentable estereotipo que nos cobijó a finales del siglo pasado.

Ejemplo de ello es la malintencionada e irresponsable publicación que el periodista Ralf Schuller hizo en el diario sensacionalista alemán Bild Zeitung –el de mayor circulación en Europa– al referirse a Bogotá, con motivo de la reciente visita del presidente Joachim Gauck, de cuya comitiva era miembro. 

Afirmaciones de tan mal talante, como las de ser la ciudad más criminal del mundo y un baluarte del delito, donde cientos de militares armados con rifles de asalto, pistolas de tiro rápido y granadas de mano custodian a los personajes, o la comparación de la zona histórica de La Candelaria con una fortaleza, constituyen una visión errada y tendenciosa de la ciudad. Ponen de presente que desde afuera ni nos conocen ni se preocupan por hacerlo. La ausencia de investigación y de objetividad profesional en este caso, debió corroborarla el propio mandatario alemán durante su corta pero tranquila y segura estancia en la ciudad.  

La percepción mundial de país violento e inseguro nos sigue condenando y su impacto negativo surte efectos adversos. Es evidente que Colombia está lacerada por problemas de delincuencia, narcotráfico y guerrilla, pero distorsionar los sucesos, magnificarlos y silenciar lo positivo, como lo hacen algunos sesgados aparatos de prensa, incluso nacionales, envía y extiende un mensaje injusto y fortalece y perdura un nefasto cliché.

Frente a estas circunstancias es cuando rechazamos la trivialización de la barbarie en la televisión, nos preguntamos sobre el papel que juegan los embajadores criollos para mostrar los sacrificios, esfuerzos y resultados del país, y nos lamentamos por la indiferencia de nuestros gobiernos, reflejada en la precariedad presupuestal con la que sus autoridades trabajan, tanto para la promoción de la imagen en el exterior como de la oferta del diverso y atractivo producto turístico que por estos lados abunda. 

Si los medios de comunicación amplifican la mala onda y desbalancean la imagen, y afuera no existe interés por saber quiénes somos, al menos deberíamos asumir la tarea de salir a mostrar nuestras fortalezas y bondades. Así no les guste a ciertos concejales despistados, como a uno de Bogotá, sorprendido porque el director del turismo local en dos años de gestión haya viajado veinte días para promover la ciudad.

[email protected]

  • Gonzalo Silva Rivas | Elespectador.com

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