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Bill Keller 6 Jul 2013 - 10:00 pm

Mandela y Obama

Bill Keller

Recopilaba material sobre Mandela y me topé con La forma de hacer las cosas de Mandela. Rick Stengel, el escritor anónimo de la autobiografía de Mandela, extrajo “lecciones sobre la vida, el amor y la valentía”. Stengel no pudo resistir compararlo con otro hijo de África: Obama.

Por: Bill Keller
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“La autodisciplina de Obama, su disposición para escuchar y compartir el crédito, que incluyera a sus rivales en su gobierno y su creencia en que la gente quiere que se le expliquen las cosas, parecieran una versión de los valores y la imagen pública de Mandela del siglo XXI”, escribió. “Cualquier cosa que Mandela pueda pensar o no del nuevo presidente estadounidense, Obama es, en muchas formas, su verdadero sucesor en el escenario mundial”.

¿Demasiado, no es cierto? Bueno, no se puede decir que Stengel fuera el único en concederle al presidente estadounidense la estatura que apenas sí empezaba a ganarse. El Comité del Nobel, que otorgara su premio de la paz a Mandela por terminar con el apartheid, le confirió ese honor a Obama sólo por no ser George W. Bush.

Hombres distintos, países distintos, épocas distintas. Quizá ni siquiera Mandela podría haber estado a la altura de las expectativas con las que se ha sobrecargado a Obama. Sin embargo, es interesante imaginar cómo podría ser diferente su presidencia si hubiera hecho las cosas al estilo de Mandela.

Mandela fue un hombre de una disciplina casi ascética. También entendía cómo desplegar su autoridad moral con gestos teatrales. Al enfrentar cargos por tratar de derrocar al Estado, que se castigaban con la muerte, en el proceso de Rivonia, entró en el tribunal de Pretoria vestido con la Xhosa para dramatizar que era un africano que entraba en la jurisdicción del hombre blanco. Y, luego, en esencia, confesó el delito.

En 1995, Mandela, recién elegido en un país dividido, convirtió solo a la Copa Mundial de Rugby —la contienda deportiva más blanca de Sudáfrica— en un festival de armonía interracial.

El sentido que Obama tiene del teatro alcanzó su punto máximo en su primera toma de posesión. En raras ocasiones despliega la realidad de que es el primer negro que está en ese cargo. Como nota Peter Baker del New York Times: “La carga de Obama distinta a la de Mandela, es hacer del hecho de que es negro algo intranscendente”. Creo que Mandela habría buscado una forma de establecer un vínculo cívico más emocionante.

Mandela entendió que la política no es un deporte cerebral. Es un asunto de empatía. Para ayudar a ganarse a los afrikáneres, aprendió su dialecto holandés y les permitió conservar su himno nacional. “No se dirijan a su cerebro”, aconsejó Mandela a sus colegas. “Diríjanse al corazón”.

Mandela fue un negociador consumado. Entendía que media batalla es convencer a tu propio lado de que una concesión sería una victoria.

No desprecio que Obama tenga que lidiar a los republicanos o su propia base, pero Mandela negoció con extremistas afrikáneres, nacionalistas zulúes y el gobierno blanco que lo encarceló 27 años. En comparación, el Tea Party, bueno, es una fiesta del té.

En general, Mandela parecía divertirse en grande. Quizá ello se debió a que el movimiento fue su vida. Era alegre. Hemos tenido presidentes alegres, como Bill Clinton. Parece que Obama considerara al trabajo como una experiencia dura.

Ante todo, Mandela tenía un sentido claro de sus principios: libertad, igualdad, imperio de la ley. Cambió la táctica, pero nunca perdió de vista el objetivo. Con justeza para Obama, Mandela tenía una causa de claridad moral incomparable. Es raro que el presidente estadounidense sea tan afortunado como para encarar problemas tan, literalmente, en negro y blanco. Y si Obama deja la atención universal de la salud y la reforma a la inmigración, no será ningún legado pequeño. Sin embargo, díganme, ¿tienen un claro sentido de cuál es el propósito moral que lo motiva?

  • Bill Keller | Elespectador.com

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