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Ana Cristina Restrepo 7 Jun 2013 - 11:00 pm

Casa de Campo

Manual para machitos

Ana Cristina Restrepo

“Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz. Si quieres que sea mejor, hazlo más feliz”: Héctor Abad Gómez.

Por: Ana Cristina Restrepo
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Recibir a su hijo, de cuatro años, cuando llega del colegio; advertir que no quiere hablar. A la mañana siguiente, observar que su cuerpo está lleno de moretones. Indagar sin suerte. Verlo partir sin quejarse.

Investigar. Descubrir que todos los días su hijo es atacado a patadas por tres niños de segundo de primaria —más rápidos, más altos, más fuertes, con más “experiencia territorial”— que se esconden detrás de los árboles. Según el columnista Julián López de Mesa, este es un proceso que ayuda a “templar el carácter”.

De acuerdo con su texto “Las virtudes del matoneo”: “Todos los que crecimos durante los ochenta y noventa fuimos matoneados y a la vez matoneábamos”. Empecemos por el “todos”: ¿cuál es la evidencia de tal generalización?

Enrique Chaux, especialista de Harvard (citado por Vanguardia.com), dice que el promedio del matoneo en Colombia es similar al de Latinoamérica —cuyos índices de abuso escolar son los más elevados del mundo—. En el ámbito local, uno de cada cinco estudiantes es víctima.

La crítica mordaz y “la montadera” en los colegios son de vieja data. Hoy sabemos más del asunto porque los estudios sociales lo han visibilizado para buscar soluciones desde sus focos esenciales: víctima, victimario y testigos. (Además, “montadera” no es lo mismo que acoso sistemático).

Valga recordar que en los ochenta no había redes sociales: el megáfono por excelencia del matón (en especial del anónimo cobarde).

Siguiendo la línea argumentativa de López de Mesa, ¿los comportamientos atávicos deben continuar? ¡Reanudemos, entonces, la quema de herejes!

La corriente del triunfo del más fuerte —mal llamada “darwinismo social”, como lo observa Steven Pinker— es un producto trasnochado del naturalista Herbert Spencer: un retroceso al siglo XIX.

El columnista también comenta: “Un proceso sano de matoneo prepara a los niños para la adultez”. Eso de “proceso sano” me trajo a la memoria La noche de los lápices. ¿Tal profilaxis hará referencia a que la tortura no deje cicatrices visibles?

La psicóloga Ana Cristina Jiménez Estrada aclara: “No todo sufrimiento forja el carácter. Si es provocado por otros produce resentimiento y miedo. Lo que queda en quien recibe el bullying es miedo, y esa no es una emoción constructiva porque paraliza, distorsiona”. Un dolor como la muerte (natural) de la madre es formativo porque es un duelo propio de la vida misma, no provocado por la crueldad humana.

Lo realmente revelador es cuando la columna expone que las medidas anti-bullying “transforman [a los niños] en criaturas en exceso delicadas, frágiles”: este uso peyorativo del adjetivo que feminiza podría incluirse en una antología del machismo... o de la herencia lingüística traqueta.

No se trata de dividir al mundo entre machos y “delicados” ni de creer que basta sancionar una ley para acabar con el matoneo. Dárselas de políticamente incorrecto para ridiculizar el dolor ajeno no favorece a nadie.

 

* Ana Cristina Restrepo Jiménez

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