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Javier Moreno 14 Dic 2012 - 11:00 pm

Máquinas para matar

Javier Moreno

El mayor impulso al desarrollo de computadores digitales provino de la presión de la segunda guerra mundial.

Por: Javier Moreno
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Los problemas matemáticos que se desprendían del calibraje de artillería y bombas atómicas requerían máquinas que pudieran ejecutar muchas operaciones a toda velocidad. Las calculadoras mecánicas disponibles eran insuficientes. Durante los años treinta, para resolver uno de los problemas más importantes de los fundamentos de la matemática, Alan Turing había ideado un modelo abstracto de una máquina digital programable pero sus implementaciones hasta entonces eran meras curiosidades técnicas. En Alemania, Inglaterra y Estados Unidos, los mejores equipos de ingenieros se enfrascaron en la misión de convertir el sueño teórico de Turing en realidad. Los primeros computadores electrónicos eran antes que nada máquinas para matar. De pronto lo mismo puede decirse de los actuales.

En los años que siguieron a la guerra los computadores continuaron su evolución de la mano de proyectos bélicos. En 1947 el matemático húngaro John von Neumann, que había trabajado en el proyecto Manhattan y lideraba el equipo de desarrollo de la bomba de hidrógeno, inició la construcción de un nuevo computador en la universidad de Princeton. Diez mil veces más rápido que cualquiera de sus contemporáneos, el propósito principal de este computador era ejecutar las simulaciones de la bomba, pero tenía otros. Entrenado en lógica formal, von Neumann hablaba con fluidez el lenguaje de las máquinas y sabía que su potencial iba mucho más allá de la optimización y afinación de masacres. Por eso rápidamente reclutó científicos de diferentes áreas que pudieran aprovechar el poder de cálculo recién desencadenado. El equipo incluía astrónomos que estudiaban la evolución de las estrellas, meteorólogos que predecían el paso de un huracán y matemáticos que ahondaban en conjeturas del siglo diecinueve. También había un biólogo, Nils Barricelli.

Durante 1953 y 1954, Barricelli usó la máquina como laboratorio y caldo de cultivo para explorar la posibilidad de generar vida artificial. A partir de números aleatorios y mediante reglas de combinación que simulaban evolución, esperaba que surgieran espontáneamente ecosistemas de organismos digitales preservados para la eternidad en la memoria electrónica. Von Neumann tenía la misma ilusión: codificar la vida como información pura, como números. Se dice incluso que ese era su verdadero objetivo cuando construyó el computador. La bomba que nos aniquilaría era sólo una distracción. Von Neumann aspiraba a ser el creador del mundo que habitarían aquellos destinados a reemplazarnos tras la explosión. No lo logró.

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