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Catalina Ruiz-Navarro 6 Mar 2013 - 11:00 pm

María; flor

Catalina Ruiz-Navarro

El 1°de mayo de 1925 María Cano fue proclamada “Flor del Trabajo de Medellín”, un título que hasta ese día se entregaba a una joven para que fuera la cara bonita que motivara acciones de beneficencia para aliviar las precarias condiciones de los trabajadores y sus familias en la ciudad.

Por: Catalina Ruiz-Navarro

María no estaba ahí para ser una imagen silenciosa que motivara el paternalismo en una sociedad patriarcal. Con el suave y delicado mote de “flor”, María, de 38 años, sería la voz que haría germinar una revolución.

Nació en 1887 en una familia católica de clase media. Su padre era profesor, organizó y dirigió colegios laicos; por eso María tuvo una rara fortuna para las mujeres de su época: poder estudiar. María leyó con cuidado a Allan Kardec, Diderot, Augusto Compte, D’Alembert, Victor Hugo, Balzac y Voltaire. También a Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini y Gabriela Mistral. En los años 20 leyó a Marx. En 1924 tuvo contacto con los obreros a través de los grupos de lectura de la Biblioteca Pública Departamental de Medellín. Socialista y cristiana, María asumió un compromiso político frente al problema de la injusticia social.

En 1925 empezaba a estructurarse políticamente la clase obrera en Medellín. El mismo tiempo en que las mujeres empezaron a ganar un espacio como trabajadoras asalariadas en las escasas industrias que por ese entonces necesitaban con urgencia mano de obra, y no les importaba si esa mano era de hombre o de mujer. María era una líder indiscutible en el partido obrero, verla hablar era como ver en movimiento un póster de la Revolución Francesa, con una mujer, La Libertad, guiando al pueblo. Todos admiraban su capacidad organizativa, su talento como oradora, su voluntad y pasión. En el tercer Congreso Obrero Nacional, en el que se creó el Partido Socialista Revolucionario (PSR), María se consagra como líder política. Es la primera vez en la historia de Colombia en que una mujer ocupa un puesto directivo en una organización política y se muestra como su figura pública nacional. María era la prueba ineludible de que las mujeres también tenían conciencia política y lo dijo: “Se tiene por norma que la mujer no tiene criterio propio, y que siempre obra por acto reflejo del cura, del padre o del amigo. Creo haber educado mi criterio lo suficiente para orientarme”.

Tras la Masacre de las Bananeras los líderes del PSR fueron perseguidos y el partido quedó a la deriva. María fue a la cárcel. Cuando salió su propio partido la había difamado. En 1934, al no poder volver a la escena política, entró a trabajar como obrera en la Imprenta Departamental de Antioquia y después fue funcionaria de la Biblioteca; fue a parar a donde todo comenzó.

En 1960, en un mensaje público a la Organización Democrática de Mujeres de Antioquia, María dijo: “Era más estrecho el tiempo en que yo actué como agitadora de ideas [...] No existían ciertas libertades y derechos que ahora se reconocen en la mujer. Pero entonces, como ahora, lo esencial sigue siendo movilizar a la gente, despertarla del marasmo [...] ¡Y que las mujeres ocupen su lugar!”. Ese lugar es el de ciudadanas comprometidas, responsables de proteger el legado de los derechos conquistados por tantas mujeres valientes y de continuar con su lucha por la equidad de género de tener mentes independientes y cuerpos propios, y ser actores políticos y agentes de cambio. Mañana, 8 de marzo y Día de la Mujer, muchas tendremos que enfrentarnos a clichés vacíos acompañados de una flor. Que esos detalles ingenuos nos recuerden que no los somos, que las mujeres tenemos una responsabilidad social, poder político y capacidad de liderazgo. Que esas flores sirvan para rendirle un pequeño tributo a María, la Flor.

 

  • Catalina Ruiz-Navarro@Catalinapordios / | Elespectador.com

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