Por: Antonio Casale

Más allá del dinero

En la llegada de Neymar al PSG hay que tener en cuenta factores que van más allá del dinero para pensar que puede ser exitoso. El brasileño no se convertirá en una máquina de generar títulos de campeón solo por ganar mucha plata. Veremos si el inconsciente colectivo lo entiende.

El dinero compró a Neymar y a su padre como lo hace con la mayoría de personas, no todos. Por ejemplo, Messi rechazó el cheque en blanco que le pusieron recientemente en el Manchester City. Bielsa prefiere dirigir proyectos ambiciosos que equipos poderosos sacriifcando la gloria y la cuenta bancaria que podrían engordar fácilmente si aceptara una de las tantas propuestas que le han hecho jeques y nuevos ricos chinos y rusos por montón. La lista de los que ponen por encima del dinero otros valores es corta, pero afortunadamente todavía existe.

Lo anterior no quiere decir que Neymar y su entorno hayan tomado la decisión equivocada, pero deben saber que a cambio de tanto dinero habrá una alta exigencia, con poco margen de error a su favor.

Para empezar, el brasileño tendrá que mostrar toda la madurez personal que hasta ahora ha estado ausente en su carrera para ser el líder de su equipo dentro y fuera de la cancha, que es lo que se espera. Tendrá que demostrarles a su entrenador y a sus compañeros que lo suyo no es un capricho para ser el que más brille, sino que su capacidad de liderazgo al servicio del colectivo será la que pueda ayudar a lograr los objetivos. Hasta ahora Neymar ha sido individualista en exceso tanto en el Barcelona –de donde se va, además del dinero, porque se sentía opacado por Messi–, como en su selección. Si sus innegables capacidades no se ponen al servicio de un colectivo, será muy difícil mantener el camerino unido y en consecuencia será más complicado obtener logros. Sus compañeros no nacieron ayer. Tipos como Di María, Cavani o Verratti ya son curtidos en esto y requieren de un manejo especial. Emery, su entrenador, necesita que Neymar llegue a ser uno más en términos de actitud.

Sus jefes y la afición esperan de Neymar que sea el todopoderoso. Al PSG no se le perdonará no ganar el triplete (liga y copa de su país, así como Champions). Jugará bajo máxima presión. Lo que se espera de él no es directamente proporcional con lo que es, un ser humano de 25 años que juega muy bien a la pelota, nada más. Esa realidad incluye una cantidad de luces, pero también de sombras como sucede con todas las personas y estas últimas no se tapan con dinero.

Algunos vemos con escepticismo que en un juego que promueve la inclusión, la igualdad y el trabajo colectivo como pocos, se pierdan las proporciones de esta manera. Es cierto que en todos los equipos los roles y las jerarquías son importantes para conseguir objetivos. Pero no necessriamente el mejor jugador, el que más dinero gana puede asumir el reto de ser el líder. Es difícil que esta movida funcione. Ya veremos qué pasa.

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