Por: Harry Sasson

Más que recetas

Unos langostinos llenos de sabor buscan dar un uso culinario a la bebida colombiana por definición: el aguardiente.

Siempre habrá debate sobre las recetas que los chefs solemos proponer en espacios como esta columna. He seguido con mucho juicio los comentarios de mis lectores y creo que puedo concluir que su preferencia está en las preparaciones colombianas. Sin embargo, quiero subir el fuego al caldero diciendo que la cocina criolla no se trata únicamente de las recetas tradicionales, esas que hemos heredado ancestralmente, sino también de cómo logramos integrar los ingredientes locales sacando el mejor provecho de ellos.

Al final, la cocina colombiana se construye todos los días, y así debe ser, por lo que una de nuestras responsabilidades como cocineros es mantenernos en constante desarrollo, aportando ideas para consolidar el recetario patrio. En este sentido, la preparación que propongo esta semana, unos langostinos fáciles de ejecutar y llenos de sabor, busca dar un uso culinario a la bebida colombiana por definición: el aguardiente.

Como cualquier otro licor, se puede utilizar en la cocina para fortificar salsas y ejecutar flambeados con el fin de dejar su espíritu en el plato, en este caso esa aromática nota anisada que tan bien les cae a los langostinos. Les propongo entonces que ampliemos nuestra consideración de la cocina colombiana no sólo a las recetas que nos han acompañado desde siempre, sino también a esos ingredientes que pueden delimitar con su sabor la identidad culinaria nacional.

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