Por: Diego Aristizábal

La máscara de Roy

Vuelvo y leo aquel párrafo que escribió José Donoso en uno de sus diarios: “Lo que hay detrás del rostro de la máscara nunca es un rostro. Siempre es otra máscara.

Las máscaras son tú, y la máscara que hay detrás de la máscara también eres tú y así sucesivamente y con todas las otras. Y esas máscaras resultan de lo que te enseñaron a querer y a rechazar, y de lo que tú también quieres o rechazas, y de aquello que te sirve para defenderte, y de aquello que te sirve para agredir. Y mucho más. Las distintas máscaras son funcionales, las usas porque te sirven para vivir. Yo no sé qué es eso de la autenticidad. Lo que sí creo es que la vida humana consiste en un refinado y complejísimo sistema de enmascaramientos y simulaciones. Tienes que defenderte”.

Su pobre hija, Pilar Donoso, fue quien tuvo que descorrer el velo, el “tupido velo”, para descubrir lo que escondían las máscaras que su padre se puso para escribir y para vivir. Todas ellas ocultaban el gran temor de no ser aceptado por los demás. No fue fácil. Una cosa es mirar el rostro de alguien y creer saber mínimamente quién es, y otra muy distinta es no ver ese rostro y descubrir realmente lo que hay detrás. ¿Quién hay detrás de un rostro? Me pregunto con frecuencia. A veces, cuando creemos conocer al otro, lo único que vemos es a un desconocido.

Tal vez todos engañamos con nuestras distintas máscaras pero las peores son aquellas que cargan los políticos. Sus ojos, la forma como mueven las cejas y se ríen, huelen casi siempre a traición. Las máscaras de los políticos tarde o temprano decepcionan. Por eso, y a pesar de que el discurso de Roy Barreras siempre me había parecido tan politiquero, tan propio de lo peor de la política colombiana, me molestó mucho más leer la semana pasada en El Espectador ese pacto firmado con aquella comunidad cristiana en 2010 donde él se comprometió con “la promoción del desarrollo y respeto por la familia como Dios lo ha establecido, es decir, a no promover ni apoyar el matrimonio entre personas del mismo sexo, ni la adopción de niños por parte de estas parejas, ni el apoyo a la dosis personal de drogas o la ley del aborto”.

Nunca me ha convencido el supuesto discurso “progresista” de un hombre que se le ve la cola de lagarto desde los cerros orientales. Y aunque no es la única cola que veo, el pobre Congreso de la República siempre ha sido un hervidero de reptiles, ésta, que muestra muy bien su principal máscara, le da un durísimo golpe a la poca confianza que se tiene en esa institución legislativa que debe decidir responsablemente sobre cosas importantes que tienen que cambiar la manera retrógrada de pensar de este país.

Con políticos así Colombia no cambiará. Los colombianos seguiremos eligiendo congresistas con mascaritas de corderos, altruistas, hombres bonachones, libertarios que prometen cambiar lo imposible así lo único que logren, después de cargar la misma máscara engañosa, sea aumentar la decepción y la vergüenza. Entonces ¿qué máscara tendremos que usar los colombianos para defendernos?

[email protected] / @d_aristizabal
 

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