Por: Cartas de los lectores

Matoneo

Se viven a diario en las instituciones educativas del país las riñas verbales entre alumnos y alumnas.

La semana pasada, en donde trabajo, un alumno de gran estatura y masa corporal comenzó a molestar a otro de menor estatura, delgado y de color moreno, diciéndole varias veces que él se parecía a Demo, el burrito que el exalcalde de Turbaco le tenía al presidente Obama para obsequiárselo.

Claro, a nadie le gusta esto, llámese broma, pereque o mamadera de gallo. El ofendido no aguantaba más y en vista de su debilidad al enfrentarse, salió llorando a buscar a su hermano mayor, que está en grado diez, y éste le pegó una cachetada al alumno que molestaba al hermano, y se formó la grande: hubo amenazas verbales como: “una cachetada equivale a la muerte”.

Este caso y muchos los vivimos en los colegios, el llamado ‘matoneo escolar’, que no es más que, acoso escolar.

El matoneo es el nombre con que se ha hecho popular el maltrato escolar, que entre otras, es una enfermedad social propia de la posmodernidad. Y vuelve a ser titular en los principales medios, por la reciente muerte de un niño en el municipio de Itagüí, producto de las secuelas de una golpiza propinada por compañeros del colegio.

Hasta hace cuatro o cinco años, la intimidación entre compañeros era considerada una transgresión casi infantil, cuyos efectos más graves eran el enrarecimiento del clima escolar. Hoy los casos se han multiplicado.

Una circunstancia especialmente grave de este problema es que tiene origen y sustento en los prejuicios discriminatorios, es una agresión contra quienes son considerados ‘diferentes’, al compararlos con unas pautas intolerables e inflexibles de algunos desadaptados.

Este tipo de violencia se constituye en un problema formal de convivencia en el interior y exterior de los salones de clase, y sus consecuencias en los afectados pueden ocasionar problemas mentales y emocionales, como trastornos depresivos, fobia a ir al colegio, como sucedió en un colegio de prestigio de Cartagena, donde un alumno no quiso ir más, porque lo amenazaban por ser excelente estudiante, los amigos lo aislaron socialmente e, incluso, ideas o actos de suicidio y venganza de muerte.

Necesitamos que toda la comunidad educativa nos ayude a entender que este fenómeno debe ser conocido y abordado en una primera instancia por todos para buscar formación y conciliación entre los estudiantes.

Anuar Cortázar Cáez. Magangué.

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