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Piedad Bonnett 5 Ene 2013 - 11:00 pm

Mendigos

Piedad Bonnett

LA FIGURA DEL MENDIGO, QUE A VEces repele y a menudo conmueve, me lleva a hacerme preguntas: ¿en qué momento este hombre o esta mujer decidió pararse en una esquina a mendigar? ¿Cómo fue aquel primer día, qué esfuerzos tuvo qué hacer, qué estrategias decidió usar? ¿Qué historia personal o familiar hay detrás de cada uno? ¿Cuándo se vence la vergüenza —si es que la hubo— y la mendicidad se convierte en una forma de subsistencia, o en un hábito, o en una costumbre o un vicio? Como tanta gente, a veces he caído también en la odiosa tentación de hacerle las cuentas a los mendigos de los semáforos (y estoy casi segura de que algunos de ellos ganan lo mismo o más que un colombiano con un miserable sueldo mínimo). Y entonces suelo recordar unas notables páginas de Elías Canetti, referidas a los ciegos que piden en Marrakech, a quienes llama “los santos de la repetición”: “Está excluido de sus vidas casi todo aquello que en nosotros evita todavía la repetición. Existe el lugar concreto en el que se acurrucan o se colocan. Existe la invariable letanía”. Y Canetti ensaya a imaginarse cómo será una vida así, que repite lo mismo “durante días y semanas, meses y años”.

Por: Piedad Bonnett
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Después del primero de enero —cuando no se ven nunca por ninguna parte, ya que mendigar en una ciudad desierta sería tiempo perdido— estos personajes comienzan de nuevo a aparecer y a tomar posesión de sus esquinas, haciéndose otra vez parte del paisaje. Cualquiera que transite una ciudad como Bogotá, donde la mendicidad es corriente, estará familiarizado con ellos, y hasta podrá, como en mi caso, describir al menos una docena, y señalar con precisión dónde se ubican. O notar cuáles son nuevos, o cuáles han desaparecido definitivamente, dando testimonio del paso del tiempo.

Si uno lo intenta puede perfectamente hacer un catálogo de las distintas clases de mendigos en la ciudad: está el más clásico, el inválido que exhibe su muñón, o se apoya en sus muletas, o en el mejor de los casos pide desde su silla de ruedas. O el ciego, siempre conmovedor; o el adicto, que se conoce por el brillo de su mirada y sus movimientos ansiosos, a veces ligeramente amenazantes; o el indigente-literato que vende sus poemas; o los esperpénticos que amedrentan a sus posibles benefactores acercándoseles mucho. A veces nos sobrecoge la muchacha embarazada o la que carga a su bebé recién nacido (muchas pertenecen, que tristeza, a las comunidades indígenas del sur del país y son víctimas de la violencia). Y existen también los que ostentan cierta dignidad y decoro, ancianos que exhiben una fórmula médica, o viejitas que venden dulces para no parecer que mendigan. A veces vemos, entre conmovidos e indignados, que el desplazado que alguna vez exhibió su cartulina, ahora se ha integrado a la horda mendicante y ha hecho de la mendicidad una forma de vida.

Cada mendigo cuenta, indirectamente, una historia. Me inquieta la mujer demente que fue bella, ataviada con prendas finas que testimonian que detrás tiene todavía familia, y que duerme al lado de un CAI, como buscando protección nocturna; el chileno de voz suave que muchos hemos visto desmejorar poco a poco hasta volverse irreconocible; el viejo que saluda con una inclinación de cabeza, del que se dice que era estudiante de filosofía; y el que alguna vez vi cómo piropeaba, con deliciosa sorna, a dos jóvenes señoras: “¡Tan lindas y seguramente casadas con dos economistas bien aburridos!”. En algunos países, como en Letonia, mendigar se castiga con cárcel. En otros multan al que pide y al que da. En Nanchang, en China, les permiten pedir, pero encerrados en jaulas. Qué horror. Se olvidan de que los mendigos son una llaga abierta por la que asoma el rostro de la sociedad que los engendra.

  • Piedad Bonnet | Elespectador.com

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Estrellaerrante

Dom, 02/10/2013 - 14:00
Este comentario no es a propósito del artículo, el cual me ha parecido justo y nostálgico, como todo lo que nos sobrepasa y no podemos remediar. Este comentario va para el corazón de su poesía que me encanta y me aprisiona paralabra por palabra. Siempre he querido decírselo y tengo un sueño, encontrarla alguna vez y conversar con usted, para conocerla un poco más. Es usted una gran poeta.
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superO

Dom, 01/13/2013 - 08:34
Según los códigos de ética posmodernos: "La pobreza es el justo premio que la ineficiencia merece" (Eduardo Galeano). Prohibido debería ser producir mendigos, eso no nos lo deberíamos perdonar. Muy a propósito lean "Vivir de cubos de basura" de C. Bokowski: http://www.memoriadelfuego.org/2011/12/vivir-de-cubos-de-basura.html
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sincorruptos

Dom, 01/06/2013 - 18:31
Gracias a Dios hoy en dia hay algunos lideres en L.A que con sus politicas estan acabando con ese fantasma de la mendicidad. Otros 10 anhos mas y bajaran esas cifras cerca al cero.
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Chuchoval

Dom, 01/06/2013 - 17:56
Un amigo periodista al respecto se preguntaba en estos días por la suerte y destino secreto de una sombra muda que conocimos los noctámbulos de los cafés del centro en la década de los 70.s - preguntándose curioso como vivía. desde su aparición nunca pidió, había que ofrecerle la dádiva, recorría todos los metederos del centro con su raída gabardina de indefinible tono con un cartapacio de papeles húmedos bajo el brazo amparado siempre bajo el sombrero gardeniano que lo acompaño hasta que nunca más lo volvimos a ver, mi amigo Óscar lo bautizo como el auténtico menesteroso que nunca pidió.
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juguimoto

Dom, 01/06/2013 - 14:44
Es una realidad innegable;pero no podemos desconocer que muchos de estos mendigos son personas que piden por negocio,otros por pereza de trabajar.Hay personas que por su falta de capacidad mental,no me refiero a aquella que llamamos locos,si no a la falta de pensar y de ser creativos no hacen un esfuerzo por salir adelante tener una vida digna y vivir como seres humanos.Son personas conformistas con su situación social,de pronto esperando una ayuda divina que nunca llegará.La fe,es la destrucción de la existencia humana.
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amediacuadra

Dom, 01/06/2013 - 12:16
otra columna más de la diligente-literata
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milleranais

Dom, 01/06/2013 - 11:44
Piedad, Piedad. Tus comentarios parecen sacados de la mas rancia alacena rola y católica. En estos asuntos vitales, parece que es imposible dejar nuestras mas acendradas ideologías, las preguntas desde la sociología, de la historia de este inefable país, parecen haber desaparecido, mientras intentabas escribir tu primera columna del año; comprensible todos sentimos este inevitable bloqueo.
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usacabeza

Dom, 01/06/2013 - 11:11
«... llaga abierta por la que asoma el rostro de la sociedad que los engendra». Con un censo mínimo de Colombia, teniendo en cuenta que, cada pueblo tiene uno, cada ciudad intermedia al menos diez y cada gran ciudad al menos mil mendigos; se concluye que, la sociedad colombiana es una llaga y las lágrimas del rostro mendicante es el supurar.
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eradelhielo

Dom, 01/06/2013 - 09:36
Yo pienso que uno si debe ser solidario, una de las cosas peores que puede haber es el hambre y el frio, si uno puede ayudar a alguien, por qué no hacerlo? hoy es el otro, mañana, cualquiera de nosotros puede serlo.
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Julio Herrera

Dom, 01/06/2013 - 09:10
Lo que hay que analizar no es a los mendigos sino al exclusivista y excluyente sistema socio-económico que produce mendigos. Es sólo durante las campañas electorales que nuestros políticos oligarcas se acuerdan de los ciudadanos de bajos estratos para reclutarlos como sus electores y prometerles paraísos terrenales, pero cuando son elegidos desechan a sus electores como un papel higiénico usado. ¿Acaso hay alguien que se atreva a negar esta realidad?
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sincorruptos

Dom, 01/06/2013 - 13:56
Esa es la real verdad de este pais de mierda.
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samueld

Dom, 01/06/2013 - 08:21
Los mendigos tienen algunas ventajas. Por ejemplo, nunca leen a Piedad Bonnett, ni creo que en el futuro les haga falta.
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Contradictor

Dom, 01/06/2013 - 09:18
Su comentario parece el de un mendigo mental.
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anaviky

Dom, 01/06/2013 - 07:52
Hace poco menos de un año murió una de las más famosas 'habitantes de la calle' del sector Prado/Bellavista (alrededores) en Barranquilla: Yomaira. Su leyenda habla de un pasado brillante como estudiante y profesora universitaria. Luego llegó "la pipa que deja en la calle" (como bien lo anota HOAX): su deterioro físico llegó a ser aterrador. y la ciudad la vio dormir desnuda en un andén de la 72 muchas veces. El pasado año con motivo de su muerte, las buenas conciencias se rasgaron las vestiduras acerca de una ciudad indiferente y atroz. Yo, que sentí en carne propia parte de esa culpa social y que opino que no ser víctima de la famosa pipa es apenas un asunto de suerte, recordé una vez que Yomaira no me pidió nada. Por el contrario: se acercó muy seriamente y me obsequió un objeto de metal, pequeño, inservible, brillante. “Toma…” me dijo, “te lo regalo”. Esa imagen de la mendiga drogadicta donándome algo me reconfortó y llenó de poesía la presencia de Yomaira en las destartaladas calles de esta Quilla del Joe.
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OZcvrvm

Dom, 01/06/2013 - 07:28
su columna mas que un apelo a la sensibilidad me recuerda el acido cinismo de susanita, cuando mafalda se cranea posibles soluciones para la gente de la calle ella le responde: para que complicarse? basta esconderlos a todos... no porque ud se haya concedido su pausa de mar los mendigos se fueron de vacaciones donde los parientes ricos esperando con calma su regreso mi señora
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Sarcher

Dom, 01/06/2013 - 07:40
¿Susanita? Si en Cartagena cada vez que hay un evento importante recogen a los indigentes de las zonas turísticas para que no los vean los "invitados".
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Guateja

Dom, 01/06/2013 - 07:16
Piedad Bonnett parece que no vive en Bogotá pues los mendigos no desaparecen en los días festivos, sino que dormitan en lugares públicos que la escritora no ve, así transite por ellos.
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karissa

Dom, 01/06/2013 - 06:47
Otro mito también muy útil es que dar limosna favorece la mendicidad. Si nadie daba, el mendigo se vería obligado a hacer otra cosa. Pero, ¿qué? ¿trabajar, robar o desaparecer?. Siguiendo ese razonamiento, los generosos creaban a los mendigos igual que las ancianas, con su manía de tirar migas de pan, creaban a las palomas... (Cuento de Benoit Saint Girons).Cuando conozcas al mendigo no volverá a ser el mismo...
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chococruz

Dom, 01/06/2013 - 06:39
Una sociedad indecente e indolente ha ido permitiendo poco a poco que los mas indefensos (niños, ancianos, discapacitados, indigenas, etc.) queden expuestos a los avatares de esta vida moderna, que de moderna solo el nombre, pues la misma violencia de vivirla va arrinconando a los mas debiles llevandolos a despeñaderos fisicos y emocionales tirandolos a la calle como trastos viejos o estorbos la mayoria de las veces sin desconocer casos de elección como modo de vida. Nuestro Estado de derecho representado en los gobiernos de turno han creado instituciones encargadas de socorrer a los desvalidos, el problema es que son fortines politiqueros y no cumplen su función y ésta función terminan en manos de comunidades religiosas y la solución no pasa de la caridad y en esto la sociedad se esconde
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sincorruptos

Dom, 01/06/2013 - 17:10
y ahora va para juguimoto o mas bien fujimori.
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sincorruptos

Dom, 01/06/2013 - 14:07
Perdon, mi comentario iba para kariza.
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sincorruptos

Dom, 01/06/2013 - 14:05
jajajaj aun quedan individuos muy inocentes, o muy estupidos o muy cinicos o muy torcidos o todas las anteriores. Cocalombia con 70% de su poblacion viviendo en la informalidad y ganandose menos de un salario minimo, sin horas extras pagadas, sin pension de jubilacion y este mamerto hablando de trabajo?
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Boyancio

Dom, 01/06/2013 - 05:58
Los que desgranan camándula corrida, nunca quieren aceptar que la mendicidad es uno de los tantos grandes valores que la Iglesia Católica ha incentivado para que los ricos tengan la manera de ganar indulgencia y arrancar de una para el cielo. A la diestra de dios padre, Carrasquilla el Tomás de Santo Domingo, escribió su novela y todo Antioquia se creyó el cuento que dar limosma era bueno, pues ese pordiosero puede ser el mismo invisible dios, diga usted un ángel desarmado, y es bueno, ajá, quien quita que no sea. Pueblo indolente que saca a la mendicidad a sus gentes, sea una sociedad mierdosa y de muy mal concepto de la solidaridad humana, pues con eso de que la limosna debe ser no más para los curas que no trabajan, estamos como estamos, y ese negocio de pedir ha mantenido a más de tré
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sincorruptos

Dom, 01/06/2013 - 01:52
Son el resultado del cuento chimbo del pais de las oportunidades para "todos", El resultado de la corrupcion politica administrativa y oligarca impune y sin limites.Es el resultado del 1% de zoociedad tumbandose el pais y el pueblo en la total impunidad. Me imagino que despues de deambular y deambular buscandose un empleo digno, llegan al dia en que deben decidir si irse a las guerrillas, o adherirse a los paracos, o ir a raspar hoja de coca, o robar, o atracar, o matar y por ultimo mendigar. El mayor o menor resultado de la mendicidad muestra el mayor o menor grado de CORRUPCION POLITICA, ADMINISTRATIVA Y OLIGARCA.
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Sky_Voyager

Dom, 01/06/2013 - 00:46
... los mendigos son una llaga abierta por la que asoma el rostro de la sociedad que los engendra ... es cierto, la economia del capitalismo salvaje, neoliberal, inhumano, que adora al Becerro de Oro y para la cual el ser humano se convierte en articulo desechable. Donde una persona de 35 años ya es demasiado vieja para darle empleo , y el joven que lo obtiene esta tercerizado, sin garantias laborales, con salario minimo miserable. Y el problema es mundial, veamos a España, Grecia, Portugal , donde se leen historias de ciudadanos clase media que estan en el paro y subsisten en los comedores de caridad al lado de los "Mendigos". En poco tiempo todos lo seremos ...
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sincorruptos

Dom, 01/06/2013 - 01:58
Si yo creo que asi va ser.
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Sky_Voyager

Dom, 01/06/2013 - 00:51
... Esas peliculas de Zombies tan de moda, me hacen imaginar los millones de ciudadanos del futuro desempleados, mendicantes, caminando sin rumbo y buscando un mendrugo de pan ... no estamos lejos de ello ... es lo que llaman Nuevo Orden Mundial ... el mundo para unos pocos , los demas zombies mendicantes ...
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Hoax

Sab, 01/05/2013 - 23:51
Bueno, al menos Piedad todavía se pregunta por los mendigos, no como Carolina Sanín que sólo sentía asco por ellos.Aunque por allí debe andar triste y amargada mendigando aplausos.Y hablando de mendigos, hace casi dos años en Ibague vi la imagen más loca de cualquier mendigo que hasta ahora he visto :era una pareja de gomelos como empezando los 30 años de edad, con una carreta recogiendo reciclaje a eso de las 5 ó 6 de la mañana.La ropa era de marca y como de hipsters, pero ya sucia y rota.Tenían acento de rolos (Aunque digan que no tienen), y se notaba que la pipa los dejó en la calle.
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