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Columnista invitado 28 Dic 2012 - 11:00 pm

¿Militares moderados y ganaderos radicales?

Columnista invitado

Hace años, Guillermo O'Donnell y y Philippe Schmitter escribieron un interesante libro sobre las transiciones democráticas. El argumento es que las transiciones son momentos de gran incertidumbre, en los que las decisiones de los actores políticos son definitorias.

Por: Columnista invitado
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Tanto en el campo del Estado como en el de sus opositores, los actores se dividen en moderados y radicales. Los radicales se oponen a la negociación y buscan sabotearla. Prefieren su fracaso a cualquier beneficio que puedan obtener de ella. Los moderados, en cambio, ven en el éxito de la negociación una posible mejoría y están dispuestos a apoyarla. El éxito de una transición depende de que los moderados de un lado y otro le apuesten a la negociación y se acerquen entre sí, incluso contra sus anteriores aliados.

Como ejemplos típicos de radicales, O’Donnell y Schmitter señalan a los militares que han cometido crímenes y temen a los juicios penales.

Sorprendentemente en Colombia los militares parecen más moderados que los ganaderos, al menos en el discurso público. Para los militares, la incertidumbre es inmensa, pues las negociaciones pueden definir su suerte jurídica, pero también su futuro como institución, ya que su rol obviamente cambiaría si hubiera paz en el país. Y sin embargo, están dispuestos a sentarse a la mesa con sus archienemigos de las Farc y afirman que acatarán los resultados de las negociaciones.

En cambio, los ganaderos representados por Fedegán no acceden siquiera a participar en las discusiones y se oponen a toda medida que implique algún cambio en la distribución de las tierras, lo cual indica que serán opositores acérrimos de cualquier política agraria fruto de las negociaciones.

¿Acaso tienen más que perder los ganaderos que los militares con una eventual paz?

Sin duda, sus intereses podrían verse afectados si el modelo de desarrollo rural cambiara. Pero salvo que se transformen radicalmente los derechos de propiedad, lo peor que podría suceder es que sus tierras sean expropiadas con una compensación justa. Y, para minimizar ese riesgo, lo mejor que podrían hacer es participar en las negociaciones. Su reticencia a hacerlo indica que hay más en juego.

Si, como lo alegan víctimas y ONG, pero también paramilitares confesos, los ganaderos colaboraron con la comisión de crímenes y se beneficiaron al obtener tierras mal habidas, entonces su incertidumbre puede ser mayor. Ella no solo cubre a sus personas, sino también a sus tierras, y en especial al valor de estas, pues si son tierras mal habidas, no tendrían derecho alguno a compensación. Para perderlas no sería necesaria una reforma agraria radical; bastaría con que la guerrilla y los militares (otrora radicales) acordaran apoyar seriamente la política de restitución, que solo requiere de mayor voluntad política para ser efectiva.

Como oí decir un día a Alejandro Reyes, los militares están ante la oportunidad histórica de dejar de brindar su apoyo a los poderosos y empezar a ofrecerlo a los campesinos. Solo así podrían conservar un rol institucional en una Colombia pacífica, pues justificarían su permanencia con la necesidad de acompañar los procesos de cambio fruto de las negociaciones. Si lo hicieran de forma sostenida, podrían reducir su estigma como violadores de derechos humanos y recuperar su legitimidad. En ese caso, los ganaderos tendrían que adaptarse a un nuevo país en donde los privilegios serían reemplazados por la protección de los derechos de todos, so pena de verse excluidos del nuevo pacto social.

 

* María Paula Saffon, Investigadora asociada de Dejusticia

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26 Jul - 11:15 pm f

Rostros

Delante de mí, la persiana; después de la persiana, fantasmas: Robert Graves, Baudelaire, Sartre, Camus, Piaf, Storni, Woolf, Cortázar, Borges, Quiroga, y más y más fantasmas que no quieren traspasar la persiana que me obstino en dejar entreabierta. Cierro la ventana y se cierra el mundo, deseo hacer memoria de los rostros de los maestros del pensamiento occidental para reconocer en ellos la alegría de las que tanto nos ufanamos. Paso la página para buscar mejores rostros, más humanos y más sosegados pero, por el contrario, me encuentro con los rostros de Beckett, Artaud, Van Gogh, García Márquez, Castaneda, Carpentier, Rulfo: fantasmas que se evaden por regiones de ilusión, protagonistas de una obra que ha escrito alguien en medio de una vasta soledad. Tal vez si buscamos rostros en el fútbol: Pelé, Maradona, Batistuta, Higuita, Mondragón, Raffo, Goycochea. Más rostros pletóricos de tristezas por sus derrotas. Rostros que aluden al fútbol siempre en falta, con ganas de reír pero con la tristeza profunda de quien nace derrotado: el fútbol es el espacio de la celebración de la desesperanza porque la derrota le gana. Un instante de felicidad mientras se hace el gol, pero un eterno nubarrón porque se acabó el partido y hay derrota. Abro la persiana y el mundo permanece cerrado, una Copa América es un evento americano, pero a Lio Messi le obligan a ser algo más que un futbolista mundial; le exigen ganar siempre porque está en deuda pero, paradójicamente, lo ha ganado todo. ¿Todo? Wilde, Unamuno, Poe, Dostoievski, Maupassant, Balzac, Calderón de la Barca, Vargas Vila, Quevedo, Dante, Moliere, Sófocles, Van Gogh, Cioran y Heidegger. El rostro de Messi, después de la derrota ante Chile, representa el gran triunfo de la caída, el triunfo de quienes caen y ya no quieren renacer. Este rostro me recordó que somos frágiles y que la cacareada felicidad depende de detalles simples (un abrazo, una conquista con los afectos). El rostro de Messi, que se ha hecho viral, es el virus de la dignidad hecha trizas por el fútbol, es deporte en el que todo está en juego: el amor, la locura y la muerte. Messi está lejos de ser un dios y, por ello, no puede ser más: un ser humano con sus debilidades, amores e, incluso, con sus mudeces y rayones “No le pidamos peras al olmo”, las peras no meten goles y los olmos son olmos. El colmo. Es falible, como todos. Lo tiene todo y hoy está vacío. Me duele el rostro de Messi.

25 Jul - 9:00 pm

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