Por: Antonio Casale

Millos vs. América

La nostalgia se apoderó de las dos hinchadas. Uno de los grandes duelos del fútbol colombiano revivió y de qué manera. Es cierto que en la cancha no había figuras rutilantes. Apellidos históricos como Vanemerack, Battaglia, De Ávila o Iguarán, para hablar de los ochenta, o Jhon Mario y Leonel, para recordar los noventa. Ya no hay grandes ídolos porque los jugadores vienen y van, no duran más de una temporada en una escuadra.

También es verdad que en la tribuna hacía falta la hinchada del América. La impotencia ante la violencia ha obligado a las autoridades a prohibir el ingreso. Quienes vivimos la fiesta del fútbol cuando las dos partes podían estar en el escenario sabemos que no hay nada igual en materia de ambiente para un estadio.

Pero la gran mayoría de las almas que estaban en El Campín acudieron evocando aquellos clásicos de antes. Muchos llevaron a sus hijos, que apenas se inician en el arte del amor verdadero a un equipo de fútbol, para recrearles aquellas épicas batallas entre Vivalda y Falcioni, o para hablarles de esos duelos de genialidades entre Jhon Mario y Franky Oviedo. Por fortuna para los asistentes, la fiesta, aunque adaptada a nuestros tiempos, salió redonda para los azules.

Lo de antes fue único, pero lo de hoy también tiene su virtud. El fútbol desplegado por Millos se parece al que el paladar azul exige. El equipo de Russo trata bien a la pelota, cuando se tiene que defender ejerce una presión asfixiante en la mitad para recuperar el balón, juega siempre lejos de su propia puerta. Duque se destaca por su exquisitez para quitar la pelota, pero también por su claridad para dar inicio a las jugadas ofensivas. Los costados se explotan de manera eficiente con Machado, Quiñones y un canterano, Mosquera. Qué mejor regalo para la hinchada que un jugador de las menores cumpliendo el sueño que todos tuvimos de estar ahí abajo, jugando mientras la multitud corea nuestro nombre. En fin, no sé hasta dónde pueda llegar este Millos porque el fútbol no admite pronósticos certeros, pero hay algo seguro y es que esta versión del azul enamora. Ojalá empiece a mostrar lo mismo como visitante.

Del América hay que decir que era la primera vez que se enfrentaba a un estadio lleno en contra. Esa presión tendrán que aprenderla a gestionar. Da la impresión de que les faltan un par de elementos, adicionales a Martínez Borja y Farías, que no estuvieron, para enfrentar este tipo de partidos. Pero los dos equipos caminan por el camino correcto de regreso a la grandeza. Todavía les falta, pero la del sábado, además de ser una bonita remembranza, fue una linda fiesta futbolera.

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