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Héctor Abad Faciolince 15 Jun 2013 - 10:00 pm

Moral sexual y matrimonio

Héctor Abad Faciolince

Una buena manera de saber qué tipo de ser humano somos consiste en preguntarnos qué tipos de actividad sexual aceptamos como sanas, buenas, tolerables o intolerables.

Por: Héctor Abad Faciolince
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Salvo algún demente, todos estamos de acuerdo en que la violación es intolerable en cualquier circunstancia; que también lo es el incesto, sobre todo entre un adulto y menores de edad. En general las relaciones sexuales con menores de edad son inaceptables, aunque hay que admitir que no es lo mismo una niña de tres años que una de diecisiete. En un terreno más bien resbaladizo caen las relaciones sadomasoquistas entre adultos que consienten; la práctica parece medio asquerosa, pero uno tiende a tolerarla y a pensar: allá ellos.

La masturbación, en mi humilde opinión, no sólo es buena sino también saludable: es una especie de entrenamiento privado para el ejercicio en pareja; en las mujeres sirve mucho para aprender a encontrar el camino del orgasmo. Yo la practico poco, y sólo por prescripción médica: según mi uróloga sirve para prevenir la impotencia. Aliada de la masturbación es la pornografía, y para esos usos solitarios no le veo nada de malo, si quienes la consumen son adultos responsables.

No se trata de hacer una casuística completa de las posibilidades sexuales, que son innumerables, pero en general tiendo a pensar que aquello que ocurra entre adultos, voluntariamente y sin violencia, cae en el terreno, si no de lo bueno, al menos de lo tolerable. La promiscuidad, por ejemplo, es aceptable si la persona que la practica le hace saber a sus parejas que prefiere ese tipo de sexualidad. Ocultarlo es exponer al otro o a la otra a riesgos higiénicos que no conoce.

La institución matrimonial, en el fondo, lo que regula es qué tipos de prácticas sexuales se aceptan o no. En Colombia no se aceptan la poligamia ni la poliandria: ningún hombre puede tener varias esposas, y ninguna esposa puede tener varios maridos. A mí la poligamia no me parece tan aberrante siempre y cuando sea para los dos lados: es decir, que si uno la acepta para los hombres tiene que aceptarla también para las mujeres. Básicamente me parece poco práctica, y muy enredada para cuestiones de serena convivencia familiar, repartición del patrimonio y de la herencia. Al ser tan ajena a nuestras prácticas locales, permitirla a los mahometanos (sólo para los machos) introduciría sólo caos. Y nadie, que yo sepa, la está pidiendo.

Y así llegamos al quid: el matrimonio entre parejas del mismo sexo, que en cambio es solicitado por millones de personas. Esta semana volvió a surgir el tema por la solución —que no soluciona nada— que encontraron los notarios para obedecer a la Corte Constitucional sin desobedecer a la Procuraduría: dizque celebrar un “vínculo contractual”.

La homosexualidad, en la mayor parte de la historia humana, fue casi siempre reprobada. Sin embargo, apelar a una tradición antigua como garantía de moralidad puede ser muy arriesgado. Si a tradiciones vamos, durante la mayor parte de la historia del hombre la esclavitud se aceptó como algo bueno y natural. Así como es un progreso moral que ya la esclavitud no se tolere, pese a su antigua tradición, también es moralmente superior que las relaciones homosexuales se acepten. Así como al cabo de los siglos acabaron por permitirse los matrimonios entre personas de distinta religión, o de distinta raza (esa prohibición dañina se ha caído en casi todas partes), así mismo debería aprobarse el matrimonio gay, sin restricciones. La Corte Constitucional casi lo hace, pero prefirió que el Congreso legislara; como el Congreso resolvió no legislar, la Corte tendría que aclararles a los notarios que su “vínculo contractual” no es nada (es incluso menos que la unión de hecho), y que deberían proceder a celebrar el matrimonio igualitario con todas las de la ley.

  • Héctor Abad Faciolince | Elespectador.com

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