Por: Cartas de los lectores

En la Nacho no hay convergencia

El nombre de la Nacho ha sufrido el flagelo ideológico y político en todas las esferas sociales. La Nacho ha sufrido el olvido de numerosos gobiernos, la incompetencia e intransigencia de sus directivas por varios períodos de administración, así como la divergencia entre sus estamentos: estudiantes, trabajadores y profesores.

Y, a mi modo de ver, ese es uno de los grandes problemas de la Nacho: su divergencia. No hay consenso alguno entre las directivas y sus estamentos. No hay objetivos comunes que perseguir entre estudiantes, trabajadores y profesores.

Los trabajadores no se interesan por la universidad. Sólo importan sus salarios, sus beneficios legales, sus primas. No importan las pérdidas económicas que generan sus bloqueos impuestos, ni la actitud mediática que toman ciertos estudiantes o profesores en miras de levantar los paros y volver a estudiar e investigar. Sólo importan sus causas.

Es lamentable que la autonomía universitaria se transgreda y degenere hasta el deplorable punto de que cualquiera pueda entrar y hacer lo que quiera. Tenemos la autonomía de decidir qué hacemos con los terrenos del CAN, donde el hospital universitario iniciará labores y la unidad Camilo Torres funciona en la actualidad; pero tenemos unas directivas cuyas conexiones con el plan de renovamiento urbano dejan mucho que pensar sobre el futuro de estos terrenos.

Tenemos un flagelo con la fuerza pública de tal magnitud que no es permitida la entrada de la misma siempre que haya estudiantes. Como consecuencia, la sede Bogotá padece unos altos índices de criminalidad.

Tenemos un conflicto entre diversos grupos de estudiantes. Unos usan la violencia como medio difusor de sus ideas, causando gran daño y detrimento para la universidad, no sólo económicamente; sino también en su imagen y percepción. Otros, prostituyeron la protesta.

Eso es lo que tenemos en la Nacho: Una guerra de poderes. Estamos inmersos en un campo de batalla, donde directivas pelean contra estudiantes, trabajadores y profesores. Donde estos últimos pelean entre sí. Donde se miden pulsos para ver quién se rinde primero.

Creo que el llamado a la convergencia es urgente. Debemos preguntarnos qué queremos para nuestra universidad y no debemos ser indiferentes. Si lográsemos converger hacia un objetivo común entre todos los integrantes de la universidad, incluyendo a las directivas, las implicaciones serían impactantes. Si esto sucediera, por primera vez la Universidad Nacional de Colombia cumpliría su misión: Ser incluyente.

 

Daniel Mariño Ustacara. Estudiante de Economía, Universidad Nacional de Colombia.

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