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Rodolfo Arango 16 Ene 2013 - 10:00 pm

Nacimos con ira

Rodolfo Arango

Existen imágenes imborrables y frases célebres dignas de elevar a la literatura. El artista del hambre que inmortalizó Kafka es una de ellas.

Por: Rodolfo Arango

No sólo la ficción ofrece inolvidables ejemplos. Hace un par de años los bogotanos presenciamos en televisión que un joven desplazado se bañaba vestido en una fuente pública, con lo que rehuía la desnudez y lavaba al mismo tiempo su ropa, simbolizando el abandono de millones de víctimas en miseria por la violencia. En días pasados, gracias al reporte de Camilo Segura y Santiago Valenzuela en El Espectador, conocimos el testimonio de Danilo sobre el problema de marginación en las ciudades del país. Al referirse a los integrantes de bandas juveniles afirmó: “nacimos con ira”.

La expresión de Danilo refleja el ambiente en los barrios periféricos de la capital. El asesinato de cinco jóvenes prendió las alarmas de las autoridades. Con la desafortunada estigmatización de Medellín, el comandante de Policía de Bogotá, quien luego pediría disculpas, intentó alertar a los capitalinos sobre los peligros de no reconocer y atender oportunamente la situación. No pasaron tres días para que se confirmara la advertencia: hordas de energúmenos neonazis desfiguraron a patadas el rostro de otro joven luego de una persecución cual si se tratara de presa de caza sólo por profesar otra ideología.

La frase de Danilo desnuda a los gobiernos nacional y local, carentes de una política clara y coordinada para enfrentar las causas de la descomposición social. El combate al abandono, al odio y al olvido no parece estar dentro de las políticas sociales y culturales de Santos y Petro. Por lo menos es lo que refleja el ambiente pendenciero en que se mueven a diario el uno y el otro, con lamentable ejemplo para los jóvenes prestos a descargar su ira sobre otros. Oportuno sería para los gobiernos de turno coordinar políticas y acciones integrales y efectivas para detener a tiempo la bomba de odio que se incuba con las pandillas urbanas. La experiencia del manejo del problema en Medellín puede ser de gran ayuda.

El remedo de palizas neonazis nos obliga a recordar la política de tolerancia cero aplicada en el caso alemán después del exterminio judío. Pese a las diferencias históricas, la forma en que la sociedad y el gobierno alemanes han administrado su pasado de odio, violencia y destrucción podría contribuir en mucho a estructurar políticas y estrategias eficaces para impedir la degradación humana. Dentro de tales políticas la asunción de responsabilidades ha sido de la mayor importancia. En ese orden de ideas, cabe preguntarse qué responsabilidad le cabe en la violencia juvenil a la camorra política diaria que escenifican el expresidente Uribe y su sucesor en los medios de comunicación. Años de incubar el odio y la confrontación desde el alto gobierno están dando sus frutos. Amparados bajo el discurso oficial pelechan las extremas políticas, dispuestas a descargar su impotencia sobre los más débiles.

Que no quede en el olvido la célebre frase de Danilo, quien parece haber podido escapar, aunque por simple azar, de su fatal destino. Puede que la confesión sincera del “nacimos con ira” no quede sepultada por la mezcla de pan y circo de cada día que nos ofrecen los políticos en el año electoral. Una visión amplia del valor de la vida humana, de la educación para la paz y de un bienestar social que involucre las emociones, quizás pueda ahorrarnos la marea de odio que se incuba en las barriadas pobres y amenaza con explotar cambiando la violencia guerrillera por la violencia urbana en un juego de suma cero.

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