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Santiago Montenegro 16 Dic 2012 - 7:30 pm

Navidad

Santiago Montenegro

Es cierto que la parranda, la juerga y la frivolidad han desplazado, en una gran medida, el sentido de la Navidad y, ciertamente, el significado religioso que tiene para los cristianos.

Por: Santiago Montenegro
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Para la mayoría de la gente, la Navidad es una época de vacaciones, como cualquier otra, y quizá lo que hace la diferencia es un mayor volumen de licor, de tamales, de tortas y galletas que aumentan considerablemente el sobrepeso. Quizá los que tienen niños pequeños, mirando su fascinación, curiosidad y alegría por el árbol, el pesebre y los regalos, tiendan a reflexionar, aunque sea por cortos momentos, sobre el significado de esta hermosa tradición y eso, quizá, los induzca a pensar sobre el sentido de su trabajo, su vida o su país. Quizá otros lleguen a hacerlo al visitar a sus seres queridos y en los encuentros casuales con compañeros del colegio o de la universidad, a quienes no han visto durante años. Porque la Navidad es también reencuentro. En los aeropuertos, en las calles y cafés de nuestras ciudades, volvemos a ver a compañeros del bachillerato, o a los vecinos de la adolescencia, con sus esposas, hijos e hijas ya profesionales, y pensamos cómo ha pasado el tiempo y qué tantas cosas han sucedido. Con ellos, recordamos a los profesores, las fogatas en los campamentos, los campeonatos intercolegiados, las bromas y las pilatunas que, juntos, cometimos. Nos enteramos de los éxitos, los fracasos o desdichas de antiguos amigos y conocidos. Quienes toman sus automóviles para viajar a sus ciudades de origen o a sitios de recreo, se reencuentran con las cordilleras y se maravillan también con la variedad de pisos térmicos, climas y paisajes. Al bajar desde las ciudades andinas hacia el Magdalena, hacia el Cauca, los Llanos o hacia las costas, nos preguntamos cómo fue posible integrar un solo país en medio de esta geografía con semejantes accidentes topográficos. Cordilleras mucho menores a las nuestras ayudaron a separar pueblos y a configurar países en otros continentes. Esta es también una época de noches despejadas, llenas de millones de estrellas. Porque si algo no ha cambiado a lo largo de los milenios, son los Cabellos de Berenice, el Auriga con su Capella, las Osas o la Cruz del Sur. Quizá sin nombres o con otros nombres, son las mismas constelaciones y estrellas que fascinaron a Quemuenchatocha, a Nemequene o a Tisquesusa, a los conquistadores extremeños, a las tropas libertadoras, a las milicias de las guerras civiles o a los secuestrados en los cambuches de la selva. En mayor o en menor medida, la Navidad nos libera de una vida poblada de presente, con sus angustias, problemas y preguntas que parecen no tener respuestas, y nos transporta al orden jerárquico de la niñez, a un Dios benevolente que lo explicaba y lo llenaba todo y respondía preguntas aún antes de ser formuladas. Pero también nos puede trasladar a un pasado aún más distante, a los orígenes de la república, a la Conquista o a los umbrales del universo. Nos invita a preguntarnos de dónde venimos, para entender dónde estamos, pero, sobre todo, para elucubrar hacia dónde vamos. La Navidad es, sobre todo, un momento de ilusión. De esperanza por solucionar nuestras dificultades personales y de esperanza, también, por un país que sea capaz de solucionar sus principales problemas. De esperanza por una Colombia en paz.

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recapitulando

Lun, 12/17/2012 - 16:58
A pesar de las criticas de algunos que consideran la columna "relleno", me parece interesante eso de reconsiderarse un ser social y la familia como ejemplo basico. Luego los demas seres que nos han rodeado de cerca en diferentes etapas de nuestra vida. En realidad creo que antes la parte religiosa recordaba a los colombianos ser sociales. Reunirse, bajar la guardia. Hoy en dia ya no existe esa cohesion y lo mas triste no tenemos sentido de pertenencia a nada. No hablamos de nuestra ciudad, sino existe un alma depredadora que quiere que los demas incluso el estado le resuelva todo. He ahi la proncipal falla del estado.Nuestro sistema esta roto al no enseniar lo basico a sentirse ciudadano de Colombia, no crea nexos de identidad y amor a su patria.
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Inopia

Lun, 12/17/2012 - 16:40
Boyancio y foristas, no olviden que Montenegro II con Daniel Castellanos eran los "pensadores", el "núcleo duro" de la campaña de Nohemí Sanín a la Presidencia y posteriormente reciclados en el uribismo ....
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Marmota Perezosa

Lun, 12/17/2012 - 16:21
Fatigante su redacción sin puntos aparte
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Julio Herrera

Lun, 12/17/2012 - 13:08
1- Con un presente tan peligroso en Colombia y hasta en el propio Estados Unidos con sus frecuentes matanzas en escuelas y colegios, se hace una utopía el ensueño de Santiago Montenegro, pues hoy, con tanta inseguridad los niños deben desconfiar del papa Noel y hasta del niño Dios. 2- En mi prudente escepticismo prefiero creerle al fiscal MonteALEGRE que al columnista MonteNEGRO. 3- A causa de las frecuentes matanzas en escuelas y colegios los EE.UU ingresaron en su propia lista de países inseguros. 4- No cabe duda que el pueblo norteamericano sí ha sabido conservar la cultura de sus ancestros del lejano oeste, es decir de pistoleros y gangsters.
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Julio Herrera

Lun, 12/17/2012 - 12:48
1- Para esta navidad solo le pido al niño Dios (o a su suplente: el papá Noel) una cuenta bancaria bien gruesa y un cuerpo bien delgado, y no a la inversa como el año pasado. 2- La vida del hombre se divide en tres etapas: la niñez, cuando cree en el papá Noel, la adolescencia, cuando ya no cree en el papá Noel, y la edad adulta, cuando él es el papá Noel.
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Amonoi

Lun, 12/17/2012 - 11:41
Es posible que la navidad tenga un sentido religioso para uno que otro cristiano, pero realmente se trata de la continuación de las saturnales, días de banquetes, licor y regalos. Tal vez la decoración es lo único que ha cambiado en estos 2.200 años de Saturnalia. El grito de "Io, saturnalia" ha sido remplazado por "Feliz Navidad". Y aún sigue en vigencia la percepción de Séneca el joven que afirmaba que "toda la ciudad se volvía loca durante las fiestas", y que "la multitud se deja llevar por los placeres".
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anaviky

Lun, 12/17/2012 - 08:37
Ayyy don Santiaguito...¿por qué será que no le creo ni un poquitico?
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rixator

Lun, 12/17/2012 - 06:03
No hay derecho a que un periódico que se presume serio, tenga columnistas de relleno como éste, dedicado a escribir pendejadas para "cumplir".
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Boyancio

Lun, 12/17/2012 - 03:34
Debéis alegraros, sumercé, porque ya la majá no se deja embaucar con el cuento navideño de ultransa y masamorra, pues la pobreza -que es mayoría- no comprende que se gaste en luces y esplendor de gasto, cuando no se tiene ni para comprar una libra de arroz cariaco, descascarado,o como por allá le dicen. La Humanidad tiende a la releflexión y a mandar para casa del carajo todas esas bobadas místicas que nos metieron sin nuestro concentimiento, a Dios gracias que me las saqué en una borrachera bailando con una morena bien sabrosa que me hablaba en el caracol de la oreja; pero falta un jurgo de lavado cerebral para que entremos en un progreso mental al unísono y con cordura...en respeto a los derechos humanos y a la pobreza recalcitrante que los místicos como vos no la quieren enrespetar, ajá
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anaviky

Lun, 12/17/2012 - 08:40
Pero eso sí donBoyancio II...¡la novena la bailamos todiiita, oreja con oreja, acá en Galónsintapa! Y que no falte uno que otro petacaso. SALUD! QUE VIVA LA VIRGEN DE GALONSINTAPA!!! Que viva, carajo.
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Ar mareo

Lun, 12/17/2012 - 00:10
Como se ve de diferente la vida, cuando se mira desde una poltrona de estrato 6! Yo le pido a ud senhor columnista.. dotor.. esta navidad, ya q le cogio ventaja a la vida, q abogue por la mayoria de este pais q viven en los subterraneos de la escala social
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Boyancio

Lun, 12/17/2012 - 03:38
ASí es, Armareo,este pastuso habla con la boca llena de natilla chicharrón y cosas de esas de la vida sublime que nos más se ve en los altos estratos y misticoestratos.
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