Nicaragua: un pacto contra el despojo

El reto del gobierno, el verdadero arte en este espinoso asunto, consiste en lograr la unidad de los colombianos sea cual sea la decisión que asumamos, comenzando por excluirlo del próximo debate electoral. ¿Será posible?

¿Estaremos repitiendo la historia de Panamá, esta vez con otros protagonistas y “preavisados”?  Puede ser. Por lo pronto parece otra crónica anticipada de un naufragio que comenzó a ocurrir cuando aceptamos las reglas de un juego del que no podríamos resultar sino perdedores.

 

Hasta ahora, a nadie se le ha ocurrido revisar nuestras fronteras, en lo que se refiere a Nicaragua, para devolverlas  a 1830   cuando la costa Caribe de ese país, la costa de Mosquitos, hacía parte de nuestro territorio. Pero si a Nicaragua no le han “servido” las fronteras establecidas durante el siglo pasado, referidas al meridiano 82 tratado Bárcenas Esguerra de por medio, el sentido común, y la opinión pública, dice que a nosotros no nos sirven las que ha fijado un tribunal al que nunca nos hemos debido someter. Nunca será tarde hasta que, físicamente, no podamos entrar, situación que no tenemos en este momento pero podríamos tener en el futuro. Mejor con “ventaja” que sin ella, diría Maquiavelo o el mismo Ortega.

 

Pero vamos al asunto y a las “especulaciones” acerca de las fórmulas que parecen haberse presentado a nuestra comisión de relaciones exteriores, las cuales se reducen a demandar el fallo y, simultáneamente, defender la posesión que hemos mantenido mediante un decreto que fije límites, garantizado por la presencia de la Armada Colombiana. La arrogancia y prepotencia del envalentonado Ortega parece no dejar más alternativas, a menos que resolvamos sentarnos a esperar a que vaya, después, por San Andrés.

 

A nivel internacional no las tiene todas consigo nuestro vecino presidente expansionista a cuyos copartidarios recibimos muy bien aquí, luego de que cayó el último de los Somoza. Para empezar tiene problemas similares con la pacífica  Costa Rica. A pesar del desfile de sus barcos, Rusia puede estar interesada en vender armas en la región, pero no en intervenir de otra manera en las narices de los Estados Unidos. Venezuela, su socio en el ALBA, afronta una difícil situación interna frente a la que Colombia ha mantenido solidaridad con las instituciones, con un pueblo hermano, y prudencia. Más allá, tenemos tratados de libre comercio con Europa y Norteamérica que no nos colocan, frente a Nicaragua, en situación de “igualdad”.

 

La carta de desconocer el fallo o recusarlo y mantener nuestra soberanía, es una opción que no por indeseable deja de ser posible. Las Naciones también tienen derecho a rebelarse contra la injusticia. ¿Qué existían intereses por detrás de ese fallo? Pues claro, pero ese no es el asunto a discutir en este momento a menos que tengamos la pretensión de causar más confusión entre nosotros.

 

La pregunta de fondo se reduce a si nuestra dirigencia, toda, tendrá la grandeza suficiente para entender que los intereses de Colombia están por encima de los de cada quien y sus pasiones. No se trata de culpar a nadie, en particular, aunque responsables los hay, comenzando por los llamados “expertos”, y  actuar como corresponde, como un Estado Unitario a punto de ser despojado.

 

El asunto no es sencillo y mucho menos en las puertas de unas elecciones presidenciales y el proceso de Paz, pero tampoco imposible. Un pacto por Colombia que informe a Nicaragua y al mundo de nuestra decisión de no permitir un evidente atropello, cuyo primer acuerdo consiste en excluir este asunto del debate electoral. Para comenzar, necesitamos una declaración de los partidos, gremios, organizaciones sindicales y del mismo Congreso respaldando, cualquiera sea, la decisión Presidencial. La responsabilidad sobre lo  ocurrido y por ocurrir es de toda nuestra dirigencia y no solo del actual gobierno. ¿Dónde van a ejercer, quienes en este momento llaman a la división, sus pasiones políticas, si seguimos perdiendo territorio?

 

@herejesyluis

 

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