Por: Antieditorial

No avanzar sobre la Reserva ni la Sabana

Por Pablo Leyva

Ha tenido lugar en el Congreso de la República un lamentable debate con el alcalde Peñalosa sobre la Reserva van der Hammen. Y no precisamente por la “displicencia en la comunicación del señor alcalde”, sino por sus intervenciones irrespetuosas, anticientíficas y elementales frente al significado regional de la Reserva —no es sólo un parque para Bogotá— que evidencian una aproximación errada sobre el futuro de Bogotá y la Sabana, que necesitan con urgencia un debate local y nacional con la participación activa e informada de todos los estamentos de la sociedad. Un debate sobre la política de desarrollo sostenible de Bogotá-Región que debe basarse en conocimiento e información científica, económica, social, ambiental, urbana y territorial de la región, sus posibilidades, conveniencia de crecimiento o decrecimiento, la transición a opciones de desarrollo sostenible no convencionales y sus impactos ambientales, económicos, financieros y sociales sobre el entorno próximo y el país.

El problema regional lo conocen el Gobierno Nacional, los Ministerios y el DNP, las Cortes que se han pronunciado en diferentes instancias y el Congreso que convocó con Semana un foro regional con el alcalde mayor y todos los sectores políticos. Lo conocen la Gobernación, las administraciones municipales y la CAR, los especialistas internacionales que nos visitan, la Cámara de Comercio, el Comité de Integración Territorial y los empresarios. Lo conocen los académicos, los Institutos y las Universidades que lo han estudiado y divulgado. Lo conocen los periodistas y medios que han organizado foros especializados. Lo conocen los habitantes, todos lo conocemos.

Frente al deterioro de Bogotá-Sabana el alcalde Peñalosa, con una visión business as usual, impulsa el crecimiento insostenible y una urbanización anacrónica, que afecta de forma irreversible el territorio y no corresponde a la realidad de la región, ni a las dinámicas del cambio global. Sin POT el alcalde resuelve por decreto urbanizar 1.800 hectáreas de la sabana, un gran negocio que llama “Lagos de Torca”, que cerca la Van der Hammen se articula con urbanizaciones de Chía y aprueba la CAR. El Minambiente, aliado con Minminas, que contempla la exploración de hidrocarburos, declara 18.000 hectáreas de la Sabana compatibles con minería a cielo abierto. La magistrada Villamizar debe pronunciarse sobre esto, pero aparentemente considera que la minería es necesaria con el fin de producir los materiales para las urbanizaciones y El Dorado 2. La CAR canaliza el río Bogotá y modifica y revisa planes de manejo en la cuenca. Los municipios trabajan en sus planes de ordenamiento bajo fuertes presiones de mineros, urbanizadores e industriales. El producto de todo lo anterior será un desorden territorial inminente y un desarrollo insostenible, guiado por intereses de corto plazo, inequitativo y precario que destruye el patrimonio natural.

Las dinámicas planetarias ambientales, económicas y sociales dan señales claras de cambios estructurales a los que necesitamos adaptarnos con mirada creativa e innovadora. Se hacen indispensables ajustes políticos, económicos, territoriales, administrativos e institucionales para corregir el rumbo. A Bogotá-Sabana-Región-Nación le corresponde entender esto o fracasar.

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