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Adolfo Meisel Roca 7 Dic 2012 - 11:00 pm

'No give up, maan!'

Adolfo Meisel Roca

Una inmensa tristeza embarga desde el 19 de noviembre a los jugadores de dominó de Aguadulce, los pescadores de langosta del Cove, los ideólogos de Amen, los pastores de La Loma, los rastas de Southwest Beach y a los estudiantes de colegio que cantan el himno de Colombia en una lengua diferente a la suya.

Por: Adolfo Meisel Roca

En todo el archipiélago sanandresano se siente el vacío de la pérdida del mar que tantas veces navegaron los abuelos en goletas de madera cargadas de naranjas y cocos para llevar a Colón, a Bluefields y a Cartagena.

Es un momento propicio para analizar los efectos deplorables de la política de desarrollo económico que se estableció en San Andrés desde la dictadura de Rojas Pinilla. Sin mayores discusiones, se declaró en 1953 que de allí en adelante el archipiélago sería puerto libre y los colombianos del continente tendrían un cupo para comprar los productos extranjeros sin los enormes aranceles que por esa época existieron en el país. Se generó entonces una avalancha de turismo comercial: era atractivo viajar a San Andrés para comprar electrodomésticos, licores y todo tipo de mercancías importadas, a precios mucho más bajos que en el comercio continental, y de paso bañarse en las hermosas playas de San Andrés, pero pagando un pequeño monto por el hotel. Se creó así una infraestructura turística desordenada urbanísticamente, de deficiente calidad arquitectónica, sin respetar el medio ambiente (a veces construyendo sobre la playa misma y hasta invadiendo el mar), sin adecuados servicios públicos y con poca competitividad internacional.

El boom turístico-comercial llevó a una enorme inmigración de comerciantes, hoteleros, obreros de la construcción y trabajadores continentales que transformaron, de manera radical, la isla de San Andrés en su fisonomía urbanística, étnica y cultural. En el censo de 1951 el archipiélago tenía una población de sólo 5.675 personas, en el de 2005 la cifra había subido a 59.573.

Quien más se perjudicó con el modelo del puerto libre fue San Andrés, pues allí se concentró el comercio y, por lo tanto, la inmigración. En 1951, mientras San Andrés tenía 3.705 habitantes, en Providencia vivían 1.970 personas, es decir, una cifra no muy diferente. Sin embargo, de allí en adelante la población de San Andrés se multiplicó por 15, mientras que la de Providencia sólo lo hizo por dos. La primera tuvo en el censo de 2005 un total de 55.426 habitantes y Providencia tan sólo de 4.147.

A consecuencia de lo anterior, en San Andrés los raizales son hoy una minoría, el 37% de la población, han perdido el control sobre la actividad económica y por ello están en una situación de desventaja. En contraste, en Providencia el 88% de la población es raizal y controla el grueso de la actividad económica: el turismo, la pesca, el comercio y la agricultura. Además, en Providencia han establecido una normatividad que evita el crecimiento indiscriminado de la hotelería, pues sólo se aceptan hoteles de hasta 25 habitaciones y con un máximo de dos pisos. La ausencia de grandes proyectos hoteleros ha permitido una defensa tanto ecológica como demográfica. Es decir, que en las dos islas hay dos resultados que son bastante diferentes. Todo ello debe ser tenido en cuenta para orientar el futuro económico del archipiélago, especialmente por las nuevas generaciones de raizales, sons of the soil, que esperamos que, como en el título de la novela de Ms. Hazel Robinson: No give up, maan!

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AVISPONPIOLO

Sab, 12/08/2012 - 17:22
Colombia, no es mas que el sobrado de lo que fue el sueno de una gran nacion. Para los rolos, Colombia llega hasta los confines de la Sabana de Bogota, para ellos, las tierras de clima calido son selvas tan remotas como el Africa. El rolo vive enjutado entre montanas, lo que le ha cerrado las entenderas y historicamente los ha hecho racistas, xenofobos y camanduleros que tiene personajes tan retrogrados como el procurador Alejandro Ordonez.. Ademas es un absurdo total, tener una ciudad capital a 2600 metros y a mas de 800 kilometros del mar, sin trenes, sin vias. Colombia va a seguir la tendencia de disminuirse, y va a terminar siendo Colombia el Altiplano Cundiboyaco.
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Kveldulff

Sab, 12/08/2012 - 15:22
Mr. Santos already gaave up, man!
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urbanomiranda

Sab, 12/08/2012 - 15:02
usted tiene razon doctor meisel,estos paramunos lo que hacen es venir a curarse las picadas de pulgas con el yodo de mar,ellos no pueden sentir el caribe como lo siente usted o yo,que inverosimil la defensa que hizo colombia ante la corte ,de hecho ya habia un tratado vigente y estos cachacales nos dejaron quitar un pedazo de mar.ojala algun dia el caribe se desprenda de colombia y se pueda crear la republica del caribe,imaginese si la costa tuviera a panama.
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suesse

Sab, 12/08/2012 - 12:27
No se puede sino pensar en la frase aquella, en su sentido aplicable a la situación, de que ahora no vale la pena llorar como mujer lo que no se pudo defender (ni preservar, ni administrar) como hombre....( y no porque los hombres no lloren, o no deban llorar, o porque las mujeres no sean valientes y hagan mejor muchas veces lo que los hombres hacen, que conste!!).
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Eduardo Saenz Rovner.

Sab, 12/08/2012 - 11:52
David Bushnell traduce en su libro sobre Colombia algunas de las estrofas del himno de Colombia. Es para morirse de la risa. Igualmente, cuando Luis López [de] Mesa, canciller de Eduardo Santos le madó al embajador gringo una de sus grandes "obras", el embajador no necesitó un traductor del español al inglés sino a algún desocupado en la embajada que tratara de entender que decía López [de] Mesa en su ladrillo. Con razón alguien dijo: "Colombia no es un país de lectores sino de escritores".
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manamuisca

Sab, 12/08/2012 - 09:52
cabe rescatar a Simón González como el único continental que realemnte nos hizo pensar que colombia era mas que valles y montañas
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