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Francisco Gutiérrez Sanín 8 Nov 2012 - 11:00 pm

No-lecciones sobre continuidad y cambio

Francisco Gutiérrez Sanín

Y ganó Obama. Las esperadas elecciones estadounidenses fueron mucho más peleadas en el voto popular que en el colegio electoral, en donde Obama sacó amplia ventaja. De todas formas, Romney terminó siendo un candidato mucho más competitivo de lo que muchos pensaron.

Por: Francisco Gutiérrez Sanín
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Estas elecciones de impacto genuinamente global —como resaltó adecuadamente Stiglitz— podrían estar sugiriendo unas conclusiones que, por ser tan evidentes y estar tan al alcance de la mano, por decirlo así, corren el riesgo de pasar desapercibidas. La primera y sencilla es que cuando hay reelección la probabilidad de que gane el presidente en ejercicio es muy, muy alta. Este tema lo ha venido trabajando en perspectiva comparada José Fernando Flórez, con datos contundentes. Si no recuerdo mal, en Estados Unidos sólo cuatro mandatarios en trance de reelección han perdido; en América Latina, ninguno (al menos en las últimas décadas). La segunda, todavía más obvia, es que contra cientos, en realidad miles, de admoniciones y sentencias de muerte, la política, los programas, los políticos, y los partidos, cuentan. Aunque Obama es una figura perfectamente centrista, y aunque Romney trató de correrse al centro al final de la campaña, nadie podría alegar razonablemente que no había diferencia entre los proyectos que se le presentaban al electorado norteamericano. Y los políticos profesionales siguen dominando el paisaje (esto es cierto en general, pero se nota más en el país de la especialización a ultranza). Las dinámicas internas de los partidos —su capacidad de organización y movilización, la radicalidad de sus bases, etc.— resultaron ser factores decisivos para el desenlace. El desarrollo de nuevas tecnologías está transformando, no acabando, la vida partidista.

De hecho —tercera conclusión— estas elecciones estadounidenses se podrían leer como el laboratorio que mostró la vitalidad de muchos temas que rutinariamente se han venido declarando como “out”. ¿Que la política industrial pasó de moda? Al parecer, Obama ganó estados claves en parte porque propuso un salvamento de la industria automovilística, mientras que Romney guardó silencio sobre el tema. ¿Que los sistemas de partidos ya no tienen relación con las fracturas sociales? Esta fue la campaña donde más se repitieron las palabras “pobre” y “rico”, y en la que las preferencias de sectores específicos de la población —latinos, mujeres— jugaron un papel clave. Esto no es algo sólo de coyuntura. Tuve ocasión de oír en CNN a un estratega republicano afirmar que, por el hecho de que en Estados Unidos cada año la población “no blanca” aumentaba un 2% a costa de la “blanca”, ese partido podría terminar acorralado por factores puramente demográficos. ¿Que el nacionalismo ya perdió su apelación? Esta competencia, en el país más rico del mundo, y epicentro del ethos posmoderno, fue nacionalista hasta la saciedad, casi jingoísta, de principio a fin. Esto no quiere decir que no vivamos en un mundo que está atravesando un complejo, rápido y opaco proceso de cambio. Sí significa que, como sabía Tocqueville, hasta los cambios más drásticos esconden una buena dosis de continuidad.

Estoy consciente de que todos estos argumentos podrían ser volteados patas arriba. De pronto la intensidad de muchos de estos fenómenos sugiere que no son himnos de supervivencia sino cantos de cisne. Por ejemplo: podría ser que en perspectiva nos demos cuenta que estos comicios fueron la fiesta del dinero por encima de las organizaciones, y un síntoma de que no se pueden tomar decisiones en un marco nacional acerca de temas de implicación global. O que los diseños institucionales estadounidenses se muestren inadecuados para resolver los duros problemas que esperan a una nación que gasta sistemáticamente más de lo que puede, y por lo tanto Obama termine aplicando un programa a la Romney. Así como en su extraño mundo Alicia celebraba los no-cumpleaños, los que vivimos en el extraño mundo de la política a menudo nos tenemos que contentar con no-lecciones.

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Isidoro Bacharach

Sab, 11/10/2012 - 02:29
A Obama los gringos informados le dicen "galleta Oreo": NEGRO POR FUERA, BLANCO POR DENTRO. ¿Aumentó o no aumentó el gasto militar? Esos son "the main matter".
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andamu

Vie, 11/09/2012 - 15:03
Sólo quisiera preguntarle al maestro Francisco G. S., si recuerda acaso los nombres de aquellos presidentes estadounidenses que fracasaron en su afán reeleccionista, creo casi todos en el siglo XIX. Si no me equivoco el caso más reciente fue el de Jimmy Carter que perdió con el tristemente célebre Ronald Reagan, pero no estoy seguro en el instante. De cualquier manera, muy propicio el dato sobre los estudios de J. F. Flórez.
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Ar mareo

Vie, 11/09/2012 - 10:36
No porq latino america tenga las mismas instituciones q USA, las cosas son igual alla y aqui. Lejos estamos de tener presidentes y congresistas cuya preocupacion principal sea el bienestar de las mayorias
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Eduardo Saenz Rovner.

Vie, 11/09/2012 - 09:59
Por supuesto que en una campaña electoral en Estados Unidos, o en cualquier otro país, se da "la fiesta del dinero" en su financiación. Sin embargo en el 2012 como en el 2008 gran parte del dinero recogido por Obama vino de pequeñas contribuciones. De hecho hay analistas que señalan que uno de los problemas de Romney fue que no tuvo el tiempo suficiente para “conectar” con los votantes ya que le tocó ocuparse personalmente de buscar las grandes contribuciones; en uno de esos encuentros con un grupo de ricachones en la Florida fue cuando “en privado” pronunció la famosa frase del 47% que fue uno de los peores golpes a su imagen (Curiosamente el que se consiguió y divulgó el video de la reunión fue un nieto de Jimmy Carter).— Obama no es un radical como lo pintan los norteamericanos de derecha; es un liberal centrista, como lo reconoce el columnista; es más, salió del grupo de la entraña de Hillary Clinton. Por eso no nos debe sorprender que la campaña en la que él recibió más ataques personales, y por parte de los Clinton, fue en las primarias demócrata del 2008 (se esperaba que Hillary debía ser la candidata y Obama, mucho más joven, estaba para el siguiente turno).— En cuanto al nacionalismo, éste no perdió su “apelación”; se ha hecho mucho más fuerte e igual de jingoísta, pero es un nacionalismo incluyente de las “minorías” étnicas que le dieron a Obama el triunfo en varios estados claves. Pasaron del nacionalismo WASP al nacionalismo del “melting pot” (que incluía a las otras etnias “blancas” y que data al menos de la Segunda Guerra Mundial), al nacionalismo que incluye a las “minorías raciales” “no blancas”. Por supuesto ese nacionalismo incluyente no ha sido una graciosa concesión sino el resultado de las presiones y luchas (así a muchos reaccionarios en Colombia no les guste el término) de los negros y los hispanos (que, irónicamente, entre sí no se llevan del todo bien).— Y por supuesto hay diferencias radicales en términos económicos (dentro del capitalismo, por supuesto) entre los demócratas y la coalición derechista del establecimiento del Partido Republicano y el Tea Party. Esta última coalición de derecha quiere aumentar el presupuesto militar (¡más! ), hacerse los de la vista gorda con la fuga de capitales a China y a los paraísos fiscales (Romney tiene buena parte de su plata en China y en las Islas Cayman), dejar que el sector financiero gobierne y concentre aún más los ingresos, y desmontar la seguridad social que incluye el fondo pensional del gobierno y un cubrimiento de salud universal para los mayores de 65 años.— Lo triste es corroborar, pasando a temas locales, que la extrema derecha gringa se comporta en términos económicos, igualito al Gran Partido Neoliberal y antitrabajadores de César Gaviria y sus continuadores Uribe y Santos. Al menos, los gringos utilizan sus comandos para hacer el trabajo sucio en el extranjero mientras que nuestros vergonzosos gobernantes han tenido en el paramilitarismo doméstico su principal puntal y “firewall” para reprimir y matar a sus compatriotas. ¡Ah, y otra diferencia!; que se sepa la derecha gringa no llega al poder con la plata y hombro a hombro con los narcos.
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pelanga

Vie, 11/09/2012 - 18:59
habría que ver también que tanto ha progresado la política pública con la poblaciones negra, latina, y la asiática. Hasta hace poco uno de cada cinco adultos negros habia pagado una "cana", el desmonte de la industria es imparable, los medios siguen haciendo magia, Zelaya y Lugo están viendo TV, Osama en el fondo del mar rojo y el poder sigue concentrado en una élite más sofisticada que la alcancía del mormón fantoche.
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Lalo Cura

Vie, 11/09/2012 - 18:29
En relación con la ultraderecha gringa, prácticamente todos los partidos de derecha verdaderamente representativos (como el pp que usted menciona, o la cdu en Alemania) en Europa son unas mansas palomas. Ese matiz de la ultraderecha no aparece en el espectro europeo. La narcoultraderecha de Uribe y la centro derecha de Santos, en cambio sí que se le parece, al igual que el partido Neoliberal (buen neologismo) del todo pertinente su comentario. Lo malo es que la izquierda en colombia tampoco es viable, son unos ineptos, suelen autodestruirse y están completamente desvertebrados. En suma: El neoliberalismo se convirtió en alternativa única en Colombia, desde los tiempos de Gaviria, como apunta Saenz.
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andamu

Vie, 11/09/2012 - 14:55
Excelente su disertación, maestro Sáenz Rovner. Es muy diciente que en los Estados Unidos de Norteamérica exista en la actualidad una facción de extrema derecha autodenominada Tea Party, que personalmente considero supera en su anarcocapitalismo a los "populares" españoles y a las formaciones europeas conservadoras en general. Ahora bien, aunque parezca una locura, son muy importantes para las clases hegemónicas aquellas carajadas del aumento del gasto militar, la reducción de impuestos a los empresarios y la reducción del salario mínimo, plata y gabelas para el sector financiero,etc. etc. etc.
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