Darío Martínez 16 Jul 2013 - 6:02 am

‘No leyes’ y deslegitimación

Darío Martínez

La Constitución Política de 1991 consagró las ‘no leyes’. Consistió en atribuirle al presidente de la República, como medidas transitorias, la competencia de legislar cuando el Congreso no lo hiciere dentro de los términos fijados por ella.

Por: Darío Martínez
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Por ejemplo: el artículo 14 facultó al Legislativo para desarrollar las normas constitucionales sobre carrera administrativa, dentro del año siguiente a su instalación. De no hacerlo, autorizó el jefe de Estado para expedir las normas legales en el término de tres meses. El artículo 41 hizo otro tanto con respecto al régimen especial de Bogotá. El artículo 48 estableció algo similar sobre el régimen jurídico de los servicios públicos. El artículo 49 sobre actividades financiera, bursátil y aseguradora, y el artículo 55 sobre comunidades negras.

El artículo 14 transitorio instituyó el plazo de una legislatura para que el mismo Congreso expidiera su reglamento. “De no hacerlo, lo expedirá el Consejo de Estado, dentro de los tres meses siguientes”, dijo. Fue el único caso mediante el cual se trasladó temporalmente la función legislativa a un órgano jurisdiccional. Al final, el Congreso expidió su propio reglamento dentro del término constitucional y tal atribución no se utilizó.

Ahora, la Corte Constitucional —por sentencia C-577 de 2011— dispuso que el Congreso, en un plazo perentorio, legislara acerca del matrimonio de personas del mismo sexo. Como no se hizo, los notarios y jueces quedaron facultados de manera permanente para formalizar y solemnizar esas uniones. En este caso, la Corte actuó como legislador positivo.

La guarda de la integridad y supremacía de la Constitución confiada a la Corte Constitucional, “en los estrictos y precisos términos” del artículo 241, no prevé esta clase de competencia, que sustituye al Congreso en el ejercicio de poder de configuración política, atentando contra uno de los pilares básicos de nuestro Estado de Derecho. Existen en la Constitución expresas y taxativas restricciones para este alto tribunal, unas propias de la naturaleza de nuestro sistema democrático liberal y otras, consecuencia de la organización y estructura del mismo Estado, que no le permite transformarse en poder constituyente ni en legislador. En homenaje al populismo jurídico, la Corte se ha desbordado, violando el código fundamental.

Sin detenernos en las materias de que se ocupa la Corte Constitucional, a toda la sociedad le debe interesar una oportuna y profunda reflexión acerca de las graves dolencias que carcomen la justicia. Ésta se encuentra deformada, pierde paulatinamente su magisterio moral y socava el compromiso en la defensa del derecho con agravamiento de la deslegitimación institucional. Hay que evitar su derrumbamiento para que no se consolide una dictadura judicial y la organización social desfallezca.

 

* Darío Martínez Betancourt, exsenador de la República

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demevelu

Mar, 07/16/2013 - 12:14
ESTAMOS DE ACUERDO, PERO ANTE TODO EL PAÍS NECESITA QUE EL EJECUTIVO, LEGISLATIVO Y JURISDICCIONAL, VENA LA REALIDAD QUE NO CONOCEN, PUES SOLO LEN Y NO TIENEN EL CONOCIMIENTO DIRECTO Y MATERIAL, COLOMBIA MARCHA HACIA EL CAMBIO, UN PAÍS SOCIAL DEMÓCRATA COMO EL QUE ORGANIZÓ IGNACIO LULA DA SILVA EN BRASIL.
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arocam

Mar, 07/16/2013 - 10:47
La Constitución del 91 es muy buena para garantizar que los criminales sean liberados, para que los jueces hagan política de la peor, para que el congreso solo robe, para que el presidente aparente hacer algo, para que toda la fiscalía y los jueces interpreten la ley a su antojo y para que todo, el bien y el mal, se vuelva gris, sin claridad, se tamice y se vuelva turbio. Nos revolcamos en la falta de principios y la constitución ayuda a ratificar esta condición hasta el extremo.
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