Por: Columnista invitado

No más subsidios

Las señales que emite el aparato productivo colombiano, es que no produce, importa para comercializar; compra “productos” en el exterior para vender en Colombia y “exportar” a terceros países y, si es del caso y como en los nunca superados tiempos del mas cerrero proteccionismo, cobrar incentivos por unas “exportaciones” intangibles.

 El que ahora propugna por instaurarse, no es el modelo soportado en las dinámicas de la eficiencia, la competitividad, la innovación continua, la ciencia y tecnología y la productividad, entre otras variables que se creía serían la fuerza que llevaría a consolidarlo conforme las leyes propias de la economía, el capital y los mercados y que, teóricamente, devendría en su afianzamiento y desarrollo ascendente.

A cambio de aquel, nuestro aparato productivo optó por el modelo cortoplacista, de menor riesgo, efectos inmediatos y pago al contado: el de los subsidios estatales.

Desde luego, pasando por alto y con egoísmo estúpido el costo social y fiscal incuantificable que para todos los colombianos representa y conlleva un modelo impuesto a la fuerza por quienes, desde sus gremios y organizaciones productivas, desafían la institucionalidad recurriendo a los paros y otras formas de intimidación para hacer valer sus intereses particulares.

Y es que a punta de paros pretenden ahora los ganaderos, los cafeteros, los arroceros, solo por decir del sector agrícola, reparar la merma de sus hatos, la renovación de sus fincas cafeteras y la falta de ciencia y tecnología en sus arrozales, aplicando a la billonaria cuenta oficial de los subsidios.

Sin parar mientes en los mecanismos de los cuales se valen para lograr unas ventajas, en los últimos tiempos los paros, que lucen ilegitimas y atentatorias de la seguridad fiscal de la nación y del orden público en las zonas en las cuales se promueven y adelantan aquellos desafíos gremiales.

Ya basta de que el Gobierno salga a buscar recursos de donde no hay, o se los reste a la salud, el agua potable y la educación básica de los pobres, para endosárselos, sin garantía ni fiadores, a los cafeteros, solo porque estos amenazan con promover paros en sus zonas agrícolas y los arroceros, ganaderos, cultivadores de caña y palma, en las suyas.

En un sistema de libre empresa, de propiedad privada, de relaciones de producción capitalista, eso no es legitimo, ni legal, ni es deber del Estado financiar con subsidios con cargo al erario actividades con objetivos y fines de lucro.

Y un hato ganadero, los cultivos de palma, caña de azúcar, café, arroz, cacao, banano, son de particulares, al igual que las ganancias y dividendos que puedan provenir de su explotación, comercio y propiedad.

Que el Estado apoye, procure mercados y créditos, haga aportes científicos y tecnológicos para una mejor productividad de esos emprendimientos agrícolas y pecuarios, es válido y legitimo y debe hacerse.

Pero no más subsidios.

*Poeta
@CristoGarciaTap
elversionista@yahoo.es

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