Por: Cecilia López Montaño

No es voracidad, es injusticia

Menos mal que no soy la única sorprendida con la columna de Alejandro Gaviria titulada "Voracidad".

También están sus lectores, que no son pocos. Con algunas excepciones, los comentarios han sido muy negativos, contrario a lo que sucede con sus columnas, que generalmente son muy ponderadas. Una mirada a diversas opiniones planteadas en distintos medios de comunicación, puede dar luces para entender esta posición de un excelente economista y de un crítico serio. No se trata de justificarlo, sino de entenderlo no sólo a él sino a las personas que tienen una posición similar.

Si se miran sólo los indicadores económicos, los llamados “fundamentals”, y las cifras de pobreza, hay motivos para pensar con el deseo y llegar a la conclusión de que hemos logrado algo similar al Brasil: duplicar la clase media, con políticas casi contrarias. Mientras en Colombia el tema de la seguridad alimentaria sigue sin ser considerado por nadie, en Brasil el programa ‘Hambre Cero’ tuvo logros significativos en desnutrición infantil. En Colombia muchos niños están desnutridos e inclusive, así no lo crean los triunfalistas, entre las poblaciones indígenas mueren por desnutrición. Claro que en Colombia también hay transferencias condicionadas, Familias en Acción, como la Bolsa Familia de Brasil. Pero con una pequeña diferencia: en Colombia la política social son las limosnas que han estimulado la demanda de los pobres por educación y salud. Pero la oferta no ha mejorado y sigue el principio de educación y salud pobre para los pobres. Brasil ha entendido que su gran potencial no son sólo las exportaciones, negándose a tener un TLC con EE. UU., sino su mercado interno y que éste depende de la capacidad de generar ingresos de las clases pobres y medias.

Pero resulta que hay otra Colombia cuya ocupación sólo se da en la informalidad, y tal vez lo más evidente: vive en condiciones precarias, en zonas vulnerables, y sus casas se caen como castillos de naipes en medio de los duros inviernos. Además a Alejandro se le olvidó un pequeño detalle: claro que los pobres, por lo menos algunos, han mejorado, pero ellos, los que no han recibido nada, y las clases medias, son absolutamente conscientes de que los ricos de este país se han quedado con gran parte de los beneficios del crecimiento económico que ha sido superior al promedio histórico del país, 4%. Además, siendo más educados estos sectores y, sobre todo, las clases medias que conocen sus derechos económicos y sociales, son absolutamente conscientes de que son ciudadanos de segunda cuando los pudientes son claramente de primera. Eso se llama injusticia y no voracidad y es el resultado del tipo de capitalismo que se ha aplicado en el mundo y que produce, por distintas razones, movimientos de indignados.

Lo grave no es lo que piensa Gaviria, sino que posiciones similares se escuchan entre los grupos de poder. No logran comprender que no basta con darles limosnas a los más necesitados. Es la injusticia y no la voracidad la que está movilizando al mundo y a Colombia.

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