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Juan Gabriel Vásquez 27 Jun 2013 - 11:00 pm

Lo que nos dice el caso Snowden

Juan Gabriel Vásquez

Era de esperarse: la presecución a Edward Snowden, el funcionario de la CIA que en buena hora reveló el espionaje masivo del que han sido víctimas los ciudadanos de Estados Unidos, se ha convertido en muy poco tiempo en una herramienta para hablar de todo, menos del espionaje masivo del que han sido víctimas los ciudadanos de Estados Unidos.

Por: Juan Gabriel Vásquez
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El caso Snowden se ha utilizado para defender a Julian Assange y para atacar a Julian Assange, sin que nadie parezca percatarse de la distancia enorme que se abre entre un hombre y el otro. El caso Snowden ha servido a China para atacar la hipocresía de Washington: a través de la prensa estatal, China ha llamado a Snowden “joven idealista” y “héroe”, y no le ha parecido que eso chocaba con la intensa censura de prensa que se aplica en la República Popular ni con el escandaloso número de escritores o artistas que hoy llenan sus cárceles. Es poco probable, por ejemplo, que hayan pensado en Liu Xaobo, presidente del PEN chino, que en 2009 fue condenado a 11 años de prisión por “incitar a la subversión contra el poder del Estado”. Liu Xaobo fue uno de los firmantes de la célebre Carta 08, que pedía reformas democráticas en China: ése fue su crimen.

El caso Snowden ha servido a Rusia, donde se escondía el funcionario hasta comienzos de esta semana, para tres cuartas partes de lo mismo: un político ruso decía hace poco que Snowden, Assange y Manning son “los nuevos disidentes, rivales del sistema”, y se le olvidaba convenientemente el tratamiento que se da en Rusia a la disidencia autóctona, a los autóctonos rivales del sistema. Se le olvidó, por ejemplo, que el Instituto Internacional de Prensa declaró a Rusia el país más peligroso de Europa para el ejercicio del periodismo. Se le olvidó también que Reporteros sin Fronteras ubicó a Rusia en el puesto 140 (entre 178) en el Índex de Libertad de Prensa, que anualmente mide las condiciones de libertad en que los periodistas pueden ejercer su oficio y los esfuerzos que hacen los gobiernos por proteger esas condiciones.

El caso Snowden, en fin, ha servido al gobierno de Rafael Correa para presentarse de nuevo como adalid de la libertad. Un año después de la entrada de Assange a la embajada ecuatoriana en Londres, el gobierno de Rafael Correa se comporta con Snowden con la misma simpatía que dispensó al fundador de Wikileaks, y no parecen darse cuenta del violento contraste que hay entre esa generosidad y la guerra interna que el Gobierno ha declarado a las libertades de expresión y de prensa. Porque sólo por ingenuidad o por ceguera política se puede creer que la nueva Ley de Medios no es una agresión salvaje contra esas libertades. Ecuador es un país donde una superintendencia podrá vigilar e intervenir medios de comunicación; donde las opiniones en la prensa, o aun las investigaciones periodísticas que dejen mal parado a un amigo del régimen, pueden ser llamados linchamiento mediático, y los periodistas que no se autocensuren saben que podrán ser duramente sancionados. 

Snowden, delator de la hipocresía de su gobierno, escoge para mantener la libertad un itinerario por países hipócritas. Trato de imaginar qué le pasaría a Snowden si fuera reportero ruso en Rusia, disidente chino en China, columnista ecuatoriano en Ecuador. Y lo que imagino no es muy agradable.

  • Juan Gabriel Vásquez | Elespectador.com

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