Oscar Guardiola-Rivera 28 Ago 2012 - 11:05 pm

Novela de espías

Oscar Guardiola-Rivera

Por un instante me sentí en una de las novelas de John Le Carré. Los términos de la llamada a mi móvil habían sido muy claros: “Debemos encontrarnos. Se trata de un tema confidencial. Me han dicho que usted es confiable. Un lugar público sería mejor”.

Por: Oscar Guardiola-Rivera
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El lugar público es una cafetería a unos pasos del Museo Británico. “Llevaré una gabardina de color rojo; podrá reconocerme”, digo a mi contacto de la embajada ecuatoriana al otro lado de la línea. “No se preocupe”, me responde, “lo he visto en una de las reuniones de Julian Assange. Podré reconocerlo”.

Después de colgar, trato de recordar la reunión a la que hizo mención mi contacto. No puedo. ¿Cómo no tener presente un encuentro semejante? Había tenido un terrible fin de año, así que a comienzos de este hice uso de todos los medios para olvidar. De otra parte, suelo ir al Frontline Club en Paddington. Es un refugio para corresponsales de guerra, escritores perseguidos, militantes en la guerra por la libertad de prensa. Assange era uno de ellos.

Pocos minutos dentro de la reunión, comprendo de lo que se trata. Mi explicación es corta: “Las sedes diplomáticas son inviolables. La contribución latinoamericana al derecho de asilo es una tradición bien reconocida. Habría que considerar si cabe la aplicación del principio que sugiere la no extradición de una persona pedida por la justicia de otro país si se estima que existe riesgo alguno contra su integridad o su vida”.

¿De dónde me salen estas frases de presunto experto? ¿Y si me equivoco?

El vicepresidente Joe Biden dijo que Assange era “un terrorista tecnológico”. Bradley Manning, el soldado de 24 años acusado de pasarle documentos secretos a Wikileaks, está detenido en condiciones que el reportero especial de las Naciones Unidas sobre Tortura ha declarado “crueles e inhumanas”. Enfrenta 52 años de cárcel si se comprueba que ayudó a revelar evidencia de crímenes de guerra cometidos durante la campaña en Irak, espionaje ilegal sobre miembros de las Naciones Unidas, maquinaciones y mentiras. Un gran jurado en Virginia prepara un caso en contra de Assange, que la hizo pública, por espionaje.

La reacción de la prensa local a su entrada en la embajada ecuatoriana de Londres fue inusualmente virulenta. El Gobierno apeló a un arcano estatuto para amenazar la inmunidad diplomática de la sede ecuatoriana. El infantil error le costó una resolución unánime de Unasur y otra más moderada de la OEA. A ello se suman las serias dudas que causa el procedimiento de extradición utilizado por Suecia y Gran Bretaña.

Assange debe responder por los alegatos en su contra por violación. Las autoridades suecas pueden interrogarlo en Londres; en el pasado fueron hasta Bosnia para cuestionar a un criminal de guerra. ¿Por qué no hacerlo ahora? La lealtad a EE.UU. está en juego.

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Opinión por:

Davionda

Mie, 08/29/2012 - 09:17
Este man si es mucha boleta. A quien se le ocurre usar gabardina roja y sombreritos de pseudo-dandy decadente. Nada más que decir, como siempre, pues sus escritos son sosos y superficiales.
Opinión por:

DeepField

Mie, 08/29/2012 - 08:36
A todas estas, ¿en qué paró el cuento de espías?
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