Por: Hugo Sabogal
Entre Copas y Entre Mesas

Nuevos aires para la Rioja

La creación de los consejos reguladores en los principales países productores europeos se estableció con el propósito de controlar de manera estricta la elaboración de vinos en sus territorios. El propósito de este sistema era garantizar condiciones innegociables como calidad, autenticidad y origen.

Antes de la aparición de estos órganos de vigilancia, el consumidor nunca supo si lo que compraba era fiable. Y apto para su salud.

Adicionalmente, los consejos reguladores también han cumplido la función de defender prácticas y variedades autóctonas para definir un talante propio.

Durante décadas, regiones como Burdeos, Borgoña y Valle del Ródano, en Francia; Rioja, Ribera del Duero y Jerez, en España; y Piamonte, Toscana y Friuli-Venecia-Julia, en Italia,

–para mencionar algunas de las más conocidas– han operado bajo este régimen.

Sin embargo, la camisa de fuerza impuesta por los consejos reguladores ha limitado, en igual medida, la capacidad de creación e innovación de los nuevos hacedores. El resultado es una desbandada de pequeñas y reconocidas bodegas, que han preferido operar por fuera de dichos órganos, a riesgo de limitar sus posibilidades comerciales en el mercado.

Sucedió en Italia con el nacimiento de los nuevos Súper Toscanos –que figuran entre los vinos más costosos del mundo–, pero que, por ley, se clasifican como simples “vinos de mesa”.

En España, célebres y premiadas bodegas como Artadi, Raventos i Blanc y muchas otras han elegido retirarse de sus respectivos sistemas de control por considerarlos demasiado restrictivos.

En el caso particular de la Rioja, los vinos suelen caracterizarse por sus estrictos periodos de maduración, en un tipo específico de barrica ,y no por sus prácticas agrícolas y de fermentación, o por su pertenencia a un lugar dado. Además, el procedimiento vigente ordena los vinos en cuatro categorías: joven, crianza, reserva y gran reserva, en función de los tiempos de añejamiento.

Los rebeldes, en cambio, optan por tiempos de maduración variables y utilizan vasijas más ajustadas a sus particulares estilos y preferencias. Y se sienten incómodos por no poder clasificar sus vinos según las características de clima, suelo y altura de sus lugares de plantación y producción.

Adicionalmente, esto es algo que reclaman con insistencia los mismos consumidores, a quienes ya no les resulta suficiente con saber que un vino procede de la Rioja (a secas), sino que quieren conocer su origen específico.

La presión ha resultado tan efectiva, que el consejo regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja (DOCa) acaba de aceptar los argumentos, anunciando, de paso, la creación de la categoría “vinos de viñedos singulares”.

Los mismos directivos del consejo regulador sorprendieron al mundo al señalar que la inclusión del origen específico “reflejará la gran diversidad ofrecida por los vinos de la Rioja”. Y vaya lo duro que fue convencerlos.

Entre los líderes del movimiento figuran el bodeguero Telmo Rodríguez, cuya marca Remelluri proviene de un lugar único en el mapa riojano. Otra gran promotora ha sido la bodega CVNE, ganadora de importantes galardones a escala global, incluido el primer puesto en el concurso anual de la revista Wine Spectator, en 2013.

Al comentar la decisión del consejo regulador, Rodríguez anticipó que, a partir de ahora, comenzará a aparecer en el mapa riojano una jerarquía de poblados y territorios, donde se elaboran vinos excepcionales en total anonimato.

Sin duda, es un momento histórico para la Rioja y un paso refrescante e innovador. Seguramente otros consejos reguladores habrán tomado nota.

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