Por: Rafael Orduz

Obama, de nuevo

Ojalá gane Obama hoy. A pesar del incumplimiento de varias promesas importantes, sean Guantánamo o terminar con ciertas exenciones tributarias abusivas que favorecen a pulpos corporativos, establecidas por su antecesor, o por varias otras.

Que gane Obama para bien de EE.UU. y del mundo. El señor Romney no es un republicano moderado, sino un candidato elegido por el extremismo rampante del PR, camaleónico a conveniencia. Su triunfo incitaría, de nuevo, a halcones pequeños y tropicales ávidos de pelea en casa y con el vecindario.

A los halcones, por alguna extraña razón, también les encanta meterse en las cobijas de la gente, donde, se supone, debe reinar la privacidad.

Hay buenos argumentos a favor de Obama. Haber tomado medidas que contribuyeron a frenar el desastre recesivo de 2008-09, como el caso del rescate a la industria automotriz, le darían el voto mayoritario en Ohio, uno de los estados críticos que definirán la composición del colegio electoral. La cobertura universal en el sistema de salud, a pesar de las “peluqueadas” en el Congreso, es un logro social impresionante.

El desempleo ha bajado, el índice de la bolsa está en los mejores momentos desde hace años. Haber actuado de manera prudente en escenarios con la mecha prendida por los halcones que le precedieron en Oriente Medio, haber retirado tropas de Irak y golpeado las cabezas de Al Qaeda…

Como se aprende a los trancazos, la visita tormentosa de ‘Sandy’ ha servido para que se comprenda que el cambio climático sí existe. Y que empresas y gobierno tienen que invertir en planes como el de Obama, ya en marcha, de duplicar, para los vehículos, el kilometraje por unidad de gasolina en 2025. De ahí el apoyo del independiente y poderoso alcalde Bloomberg a Obama en días pasados.

Es muy diciente que, en el supuesto campo fuerte de Romney, la economía, una publicación como The Economist que, en principio, se esperaría le apoyara, diga en su último número, literalmente: “…El Sr. Romney tiene un plan económico que funciona sólo si usted no le cree la mayor parte de las cosas que dice…”.

Romney es un camaleón. Ante poderosos empresarios desprecia al pueblo norteamericano (mintiendo con el cuento del famoso 47% sostenido con rentas públicas). En los debates públicos televisados juega al centro.

Lo que no oculta Romney es su gusto por meterse en las cobijas de la gente, oponiéndose al matrimonio gay y al aborto en prácticamente todas las circunstancias; ni sus planes frente a inmigrantes, ni su política de blanco y negro frente a Israel y Palestina, Irán, Rusia y China (a la que le declararía guerra comercial por manipular su moneda).

El mundo necesita líderes respetuosos, allá y acá. Preocupados por el medio ambiente y la educación, por la disminución de inequidades sociales y económicas, por los derechos de las mujeres, respetuosos del mundo de los negocios y también de la vida privada de la gente. Que gane Obama.

 

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