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Javier Moreno 11 Ene 2013 - 11:00 pm

Obediencia ciega

Javier Moreno

La película Compliance, dirigida por Craig Zobel, destruye al mismo tiempo a sus personajes y al espectador.

Por: Javier Moreno
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    http://www.elespectador.com/opinion/obediencia-ciega-columna-396152
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La administradora de un restaurante de comidas rápidas recibe una llamada de la policía. Según el agente, una de las cajeras del local ha robado a un cliente; el registro de las cámaras de seguridad supuestamente lo confirma.

El agente pide a la administradora que, para agilizar el proceso, aisle a la cajera en una de las bodegas y, una vez ahí, la interrogue y requise sus pertenencias. Le asegura con insistencia que es un procedimiento normal y él corre con toda la responsabilidad. Tras una serie de órdenes cada vez más excesivas respaldadas tácitamente por la administradora y llevadas a cabo por varios de sus hombres de confianza la joven cajera es humillada y ultrajada sexualmente. Aunque los empleados del restaurante intuyen lo que pasa nadie se atreve a intervenir para detener el abuso. Cuando alguien finalmente duda de la identidad del hombre del otro lado de la línea ya es demasiado tarde para que los arrepentimientos y disculpas signifiquen algo.

Es una película incómoda. Genera reacciones viscerales comprensibles. Durante su presentación en el festival de Sundance hace un año numerosos espectadores dejaron la sala antes de que terminara y los reclamos molestos no se hicieron esperar en la conversación con el director al cierre. Convierte la violación de una mujer en entretenimiento vulgar, decían. Además la trama es inverosímil: cualquier persona sensata en la posición de la administradora o sus subalternos obviamente dudaría.

La respuesta de Zobel a los reclamos es siempre la misma: desde el principio de la película se advierte, en mayúscula sostenida inmensa, que es basada en hechos reales. Sin modificaciones sustanciales, lo que cuenta pasó en un McDonalds en Kentucky en 2004. No hay exageración. Y no, tampoco es una singularidad: entre 1992 y 2004 hubo 70 incidentes similares reportados en Estados Unidos. Aunque no ha podido ser demostrado en un juicio, todo parece indicar que el suplantador es un hombre en la Florida, un padre de familia con cinco hijos que siempre quiso ser policía.

Es fácil despachar Compliance como una denuncia de la supuesta estupidez del pueblo raso en Estados Unidos. De acuerdo a esta lectura, las personas que caen en el engaño son idiotas, no tienen la educación suficiente, y por eso obedecen. El espectador se distancia. Se considera superior. Yo no caería, piensa. Y tal vez tiene razón. ¿Pero es tan claro? ¿De verdad es tan claro? El respeto por la autoridad y la obediencia se confunden con frecuencia. Podría decirse incluso que somos entrenados para confundirlos. Aceptamos sistemas de opresión, control y vigilancia bajo la excusa de que nos protegen. Confiamos en su legitimidad. ¿Cuál es la distancia entre esa confianza y el conformismo ante el abuso evidente? ¿Qué tanto somos capaces de resistir? En Colombia hay ejemplos incontables de impasividad y tolerancia ante la barbarie. Quizás nuestra diferencia con los protagonistas de Compliance es sólo de grado. Tal vez no hemos sido presionados lo suficiente todavía.

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carmen arevalo

Sab, 01/12/2013 - 06:14
L obediencia ciega a la autoridad llevò en la Almania nazi a millones de judìos a ls campòs de concentraciòn. Excelente tema.
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lapatri

Sab, 01/12/2013 - 02:18
Javier, el término "impasividad" no es correcto. Aquí te mando un enlace que contiene un comentario al respecto (que sea escrito por un gallego no es por hacerte un mal chiste): http://www.lavozdegalicia.es/opinion/2008/11/22/0003_7334596.htm
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leinadsajor

Sab, 01/12/2013 - 13:13
Realmente era este video, me confundí: http://www.dailymotion.com/video/xvqbvk_curiosity-how-evil-are-you_lifestyle#.UPGnbR2kGSo
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lapatri

Sab, 01/12/2013 - 02:09
Creo que ni siquiera se trata de obedecer, sino de lo fácil que dejamos salir al "torturador" que llevamos dentro. En Colombia basta leer las opiniones en los foros para percatarse de las ganas que tienen las personas de "matar y comer del muerto". Es como si cualquier discrepancia nos autorizara a agredir, a amenazar y a odiar al otro. Hace ya más de 50 años se realizó el famoso Experimento Milgram y se repitió de nuevo en el 2012 (además de las muchas variantes que se han realizado): "Las terribles cifras del experimento, demostraron que los seres humanos ordinarios, ante la orden de una figura con un poco de autoridad, son capaces de cometer aborrecibles brutalidades, de actuar con crueldad y desprecio por la vida y de llevar a cabo actos de lesa humanidad." http://www.ojocientifico.com/3580/el-experimento-de-milgram-la-maldad-en-los-humanos
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leinadsajor

Sab, 01/12/2013 - 12:59
Feliz 2013.
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leinadsajor

Sab, 01/12/2013 - 12:58
Tendrías razón si el experimento de Millgram hubiera sido sólo aquel en el que se le indica a una persona que "torture" a otra. Pero después de que se introduce a un actor que se opone a la tortura, el ser humano toma conciencia. La explicación de la autoridad entonces es más plausible, porque si alguien cuestiona a la autoridad inmediatamente, otras personas toman conciencia y paran de hacer daño: http://vimeo.com/49263054
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Alfredo O

Vie, 01/11/2013 - 23:56
Los delitos, y los delincuentes, de cualquier pelambre, tienen sanción legal y social, o tienen impunidad y aceptación. En cada entorno social existen delitos que se aceptan con facilidad, otros no. Pero, sin duda, delito es delito, así nade en impunidad y aceptación social. Es el caso del plagio docente. La Universidad Nacional de Colombia, Sede Palmira, financió y publicó los libros "Agroecología" y "Agricultura y ambiente", con autoría de docentes de esa entidad. Los dos libros fueron denunciados por plagio múltiple, uno de ellos ya retirado de circulación, en silencio; todo quedó en impunidad. Las agremiaciones de docentes (Aspun) y de estudiantes (MANE) de la UN guardan silencio; igual hacen los medios de comunicación de la UN (Unimedios). ¿El delito paga? Visite www.plagiosos.org
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