Por: Ricardo Bada

En ocasión del 100º Tour de Francia

En 1894 implosionó en la sociedad francesa l’affaire Dreyfus: un capitán del ejército, judío por más señas, acusado de espiar por cuenta de Alemania, el enemigo atávico.

¿El juicio?: puras pruebas amañadas y perjurios, según se evidenció años después. El capitán Dreyfus fue degradado en público y enviado a purgar su pena en la tenebrosa isla del Diablo, en la Guayana Francesa.

Francia se divide entre 1894 y 1914 en dos trincheras desde las que se apuntan y disparan con todas las armas unos enemigos irreconciliables: dreyfusistas y antidreyfusistas. La hostilidad mutua de ambos campos llegó hasta el punto de que un dreyfusista acérrimo, Pierre Giffard, director del periódico deportivo Le Vélo, se negó a aceptar en sus páginas la publicidad de empresas y personalidades antidreyfusistas. Entre ellas la del señor conde Albert de Dion de Malfiance, fabricante de automóviles que funda en 1900 su propio diario deportivo, el mismo famoso que desde 1945 se llama L’Equipe.

El redactor jefe del diario del señor conde era el exciclista Henri Desgrange, quien fichó a uno de los talentos de la competencia, el periodista Géo Lefèvre, y le encargó que pensara en alguna competición que desbancase en el favor del público las organizadas por Giffard y Le Vélo. Entre ellas se contaban la carerra Burdeos-París (572 km) y la maratón París-Brest-París, 1.200 km de un tirón. Así las cosas, el 20.11.1902 Desgrange llama a su despacho a Lefévre. Y según quiere la leyenda, el buen Lefévre, a quien no se le había ocurrido ninguna idea, improvisó: “Pourquoi pas un Tour de France?”. ¡Era la idea!

En cuanto al affaire Dreyfus, la primera página del diario L’Aurore apareció el 12 de enero de 1898 con un titular a toda plana: “J’ACCUSE!”. Encabezaba una carta al presidente de la IIIª República Francesa y la firmaba Émile Zola, que acusaba sin andarse por las ramas, jugándose su reputación, e incluso su libertad, a un sistema podrido que había condenado hasta el infierno letal de la Guayana a un inocente: el capitán Dreyfus. El proceso se revisa, Dreyfus regresa a Francia y será rehabilitado, aunque Zola moriría antes, en 1902 y en circunstancias harto sospechosas: puede hablarse en su caso de la primera víctima del periodismo de denuncia.

Mas hete aquí que de aquella pugna exacerbada entre dreyfusistas y antidreyfusistas, casi como subproducto casual, nació la vuelta ciclista a Francia. Debe ser porque el dios de los ciclistas sprinta derecho con pedales torcidos.

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