Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

¡Oh, Cepeda Samudio inmarcesible!

Voy a recomendarles una joya de la inminente Feria del Libro de Bogotá. Se trata de Obra literaria, de Álvaro Cepeda Samudio, edición crítica con la coordinación de Fabio Rodríguez Amaya, pintor y profesor titular, Universitã degli Studi di Bergamo, Italia, y Jacques Gilard (1942–2008), profesor emérito, Université Toulouse-Le Mirail, Francia. Acaba de aparecer, marzo de 2017, y es una coedición del Centre de Recherches Latino-Américaines, de la Universidad de Poitiers (Francia), y Sílaba Editores, de Medellín. Un librote, poco más de 615 páginas, financiado por Teresa Manotas de Cepeda (“la mítica Tita”), Alejandra Dafoe Cepeda y Gabriela Oleary Cepeda, concesión de la Colección Archivos, de la citada universidad francesa. La ilustración de la cubierta es un fragmento de “Retrato de Cepeda y algunos de sus personajes”, 1954, por Cecilia Porras, pintora del grupo de Barranquilla, esa legendaria confabulación de sabios y bacanes que, entre otras vainas y quizá sin darse cuenta, creó la literatura colombiana contemporánea.

Obra literaria está dividida en cinco partes: I. Introducción, II. El Texto, III. Cronología, IV. Lecturas y testimonios, y V. Bibliografía. Cada una más apetitosa que la anterior. En la introducción hay dos textos de Gabriel García Márquez, compinche de compinches de Cepeda Samudio: un artículo de agosto de 1954 en Dominical, de El Espectador, sobre la aparición de Todos estábamos a la espera, y la contraportada de La casa grande, edición argentina de 1967.

Dice García Márquez: “Aunque en alguna parte del mundo haya vivido más de dos años consecutivos, (Álvaro) no ha permanecido quieto más de una hora en toda su vida. Sus cuentos serían explicables si se demostrara que los ha ido escribiendo de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, en las paredes, en las mesas, detrás de las puertas. Uno no puede entender que un día se haya sentado frente a una máquina y hubiera escrito y luego corregido y por fin puesto en su forma definitiva una cosa tan hermosa y lograda como Hoy decidí vestirme de payaso. Pero el caso es que lo ha escrito —y ocho cuentos más—”.

Y esto acompañado por El doble reto asumido por Cepeda Samudio: Universalismo y Modernidad, elegante análisis de Fabio Rodríguez Amaya, con un post scriptum en el que afirma, palabras más, palabras menos, que la obra de Cepeda Samudio es “un destilado de la mejor literatura latinoamericana del siglo XX”, desde Rulfo, Guimarães Rosa y Cortázar hasta García Márquez, Carpentier y Lezama pasando por Manuel Puig, Cabrera Infante y Onetti: una narrativa “escrita (…) con la sabiduría de un artesano del texto y el don de quien domina el conocimiento de filósofo, clown o pintor. O simplemente, de Poeta”.

Cronología, Lecturas y testimonios y Bibliografía redondean esta cosmovisión. La segunda parte, El Texto, incluye Todos estábamos a la espera (cuentos, 1954), La casa grande (novela, 1962) y Los cuentos de Juana (1972), con exhaustivas precisiones, correcciones y anotaciones a pie de página. ¿Es un libo para especialistas? Sí y no. Por su erudito aparato crítico es un bocatto di cardinali para académicos y estudiosos. Y tener en un solo volumen a todo el inmarchitable Cepeda Samudio es una oportunidad única para los que aman leer a cuentistas ejemplares y novelistas sin agüeros. No se arrepentirán.

Rabito: Y de ñapa, una plaquette irresistible: Español, lengua mía, y otros discursos, de Pablo Montoya. También por Sílaba Editores, marzo 2017.

Rabillo: El gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, igualó a Maluma con Jorge Luis Borges y Débora Arango. Por favor, confunda, pero no ofenda.

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