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Santiago Gamboa 28 Dic 2012 - 11:00 pm

Operación E

Santiago Gamboa

Alejado de las tradicionales “listas” del período natalicio, que mejor deberían llamarse “La nochebuena del crítico”, pues en ellas el verdadero celebrado es él, ya que puede no sólo sorprendernos exhibiendo lo original y variado de sus intereses, los idiomas en que lee y entiende, sino que le permite también entregarse al placentero ajuste de cuentas y, sobre todo, a la posibilidad de repartir, cual sumo pontífice, sus criollas bendiciones y excomuniones papales.

Por: Santiago Gamboa
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Por eso me referiré más bien, en esta última columna del año 2012, a una de las noticias más increíbles que he visto pasar, en concreto a la prohibición de un juzgado a la comercialización en Colombia de la película franco-española Operación E, dirigida por Michel Courtois y protagonizada por Luis Tosar, centrada en la vida de José Crisanto Gómez, el raspachín que recibió en cuidado a Emmanuel (hijo de Clara Rojas), condenado por secuestro y, tras cuatro años de cárcel, liberado en 2012 por falta de pruebas. La tutela la puso Clara Rojas acusando al filme de ser un “atropello” por “distorsionar la verdad”.

Que yo sepa, esto de prohibir la exhibición de una película por no corresponder a la verdad es nuevo en nuestras tierras. Si una obra de arte —como lo es el cine— puede ser prohibida por este motivo, entonces habría que comenzar por retirar de las librerías La Iliada y La Odisea, que según la historiografía distorsionan la verdad, lo mismo que La Eneida, de Virgilio, cuyas fechas no cuadran, e incluso la Biblia, pues nunca se ha podido demostrar de modo fehaciente la existencia de Jesús y mucho menos de Moisés ni de Yahvé, ya no digamos que hicieran lo que esos libros nos cuentan. Se trata en todos los casos de distorsiones a la verdad, pero, ¿a cuál verdad?

Cuando se habla de arte y de ficción, la pregunta por la verdad trasciende la justicia y se convierte en un problema epistemológico. ¿Cuál es el origen y la autoridad de mi verdad con respecto a la verdad de otros? ¿Por qué la mía debe prevalecer? ¿Por qué la verdad de Clara Rojas vale más que la de José Crisanto, el campesino? Si los dictámenes jurídicos dicen que no hay “lesión alguna de los derechos del niño” (Emmanuel), y la película está sólo “inspirada” en hechos reales, ¿por qué la verdad de Clara Rojas basta para descartar un filme que no es un documental o informe periodístico sino una obra de ficción? No hay que olvidar que la verdad del arte se rige por otros parámetros. Cuando una obra no es “verdadera” es porque incumple con sus propias coordenadas estéticas, no porque no coincida con la realidad exterior a ella. Por eso el vuelo de Remedios La Bella es perfectamente real en Cien años de soledad y por supuesto inverosímil fuera de ella (otra obra, por cierto, que los juzgados deberían retirar por distorsión de hechos históricos).

El mejor modo de responder a una obra de arte es con otra obra de arte, no con una tutela, y lo que sí puedo concluir es que este episodio, liderado por la presidenta de la fundación País Libre, hace de Colombia un país menos libre, como lo son todos aquellos en los que la justicia interviene sobre las obras de arte censurándolas, acusándolas de mentirosas y, en algunos casos, incluso recluyendo a sus autores por distorsionar verdades oficiales o supremas.

 

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