Por: Mauricio Albarracín

Homofobia en vacaciones

Durante las vacaciones, la homofobia no da tregua. La navidad y el inicio del año son momentos para compartir en familia y para muchos de nosotros también es un tiempo para volver a las ciudades en las cuales crecimos y de las que nos fuimos buscando un lugar más tranquilo para vivir nuestra sexualidad.

Así por ejemplo, el 1 de enero de este año ocurrió un acto discriminatorio contra una pareja del mismo sexo en el hotel Holiday Inn Los Morros de Cartagena. Según relató Rafael Yáñez, se encontraba con su compañero en la piscina del hotel cuando se acercó el gerente encargado y les pidió que no tuvieran manifestaciones de afecto en la piscina porque un huésped se había quejado y les rogaba que mantuvieran la distancia. En esa misma entrevista, algunos periodistas de Caracol Radio dudaban de la versión de los hechos, pero como explicó reiterativamente el señor Yáñez, se trató de una manifestación absolutamente típica: “no tuvimos ninguna caricia.. Fue un beso normal… Lo normal entre una pareja heterosexual” (Escuchar la entrevista). Por su parte el gerente del hotel, confesó totalmente la exclusión: “una pareja de hombres estaban en la piscina un poco pasados de cariño y la piscina estaba llena de familias. Llamaron a la recepción del hotel para que pidiéramos prudencia, y nuestro ejecutivo de guardia les pidió discreción porque este es un tema tabú en Colombia. Les ofrecimos otros lugares donde pudieran estar más cómodos”. Para que no quedara duda que se trata de un acto discriminatorio, agregó que “En un restaurante, un niño puede gritar y a los clientes les molesta, pero si el niño es autista, en un ejemplo de un caso extremo, toca llevar al niño a un espacio donde estén más cómodos”.

La discriminación originada por manifestaciones de afecto de las parejas del mismo sexo se extiende a otros espacios. Otra amiga me contó que hace dos años se encontraban el aeropuerto de Apartadó y que después de besarse con su novia, un policía “se acercó a decirnos que no nos besáramos porque la gente se había quejado”. Luego del reclamo de la pareja, el superior del agente que las abordó les dijo que no se trataba de un acto discriminatorio sino que era un acto para protegerlas porque tenían que entender que se trataba de una “zona con una cultura más conservadora”.

No se trata solamente de actos verbales de exclusión. Otra pareja me contó que el 31 de diciembre del año pasado, en la ciudad de Villavicencio, en inmediaciones del sector el Barzal, iban tomados de la mano hacia un restaurante y se encontraron un grupo de muchachos. Según me cuentan: “uno de ellos que estaba borracho empezó a insultarnos y le dio un golpe en la cara a mi novio. Nosotros seguimos nuestro camino para evitar riñas. El golpe no le causó ningún daño”.

Pero tal vez el caso más duro me lo contó un amigo que es oriundo de un pueblo de Nariño. Me contó que e año pasado se encontraba en la discoteca con un grupo de amigos y uno de ellos le advirtió: “váyase que lo van a cascar… Entonces fui saliendo de la discoteca y llegó un excompañero del colegio y me empezó a empujar, y a decirme que le había dicho que yo acá en Bogotá estaba con hombres y que yo era un maricón, que eso no se acepta en el pueblo, que me largue de ahí. Obvio yo le dije que no me voy a ir de acá, aquí está mi mamá, aquí está mi familia. Entonces, salieron cuatro tipos más, todos borrachos y empezaron a decirme que “maricón”, que qué vergüenza, que no vaya hacer quedar mal al pueblo. Yo me les enfrenté y me llevaron al estadio que estaba cerca de allí y me empezaron a golpear y a decirme cosas horribles”. Mi amigo no volvió este año a su pueblo y se quedó en Bogotá porque según me dijo “la verdad no quiero volver a ese lugar donde hay mucho ignorante”.  

Colombia tiene una gran brecha en relación con los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex, como lo demuestran estas historias. En todas ellas, las personas que viven su vida libremente en ciudades grandes o fuera del país se encuentran con exigencias de discreción y actos de exclusión de la vida pública. La vida digna solo vale la pena vivirla cuando se vive con autenticidad y los derechos deben poderse vivir en todas partes del territorio, no solamente en los guetos a los cuales nos quieren confinar. Bien lo dijo el señor Yáñez al expresar su indignación contra el Holiday Inn, estamos “retrocediendo 25 años atrás, a la Colombia antigua”. Eso es precisamente lo que no podemos permitir, y menos en vacaciones.

*Abogado y activista LGBTI. [email protected] @malbarracin
 

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