Por: Juan David Zuloaga D.
Atalaya

La encuesta de Colfuturo

Con cierto retraso respondo la  encuesta del año pasado que, como beneficiario del crédito-beca, me envió Colfuturo. Se trata de esos correos que quisiera uno responder al instante, pero que las obligaciones y los afanes cotidianos van relegando a la carpeta inmensa de los pendientes, casi sin fondo diría uno, que se va creando en estos tiempos de ajetreo incesante.

No puedo entonces responderla ni puedo tampoco saber las preguntas en cuestión porque la encuesta fue ya removida del sistema. Pero puedo suponer que, en términos generales, pretendía saber la calidad de los servicios prestados a los beneficiarios. De manera que, excusándome de nuevo por el retraso, me permito hacer pública mi respuesta.

En mi calidad de beneficiario del crédito para cursar estudios de doctorado en la Universidad de Granada, debo decir que el servicio prestado por parte de los empleados de Colfuturo se ha caracterizado por su solicitud y su diligencia. Pese al inmenso papeleo y la burocracia que exigen en el momento de la concesión del crédito, tan característica, por lo demás, de los Estados modernos (pese al anuncio y la intención del presidente Santos de erradicar papeleos innecesarios, sellos nimios e instancias burocráticas superfluas), tras dicho papeleo, decía, los empleados de Colfuturo se han caracterizado por su responsabilidad y su buena disposición para cumplir con los plazos pactados y para solucionar los inconvenientes que sobre la marcha (esto es, estando el estudiante en un país lejano) puedan surgir.

Contrario a la negligencia, la desidia y la mala voluntad que suele caracterizar a muchos burócratas y a diversas entidades del Estado, esta entidad —de carácter mixto— brilla por el cumplimiento de los cronogramas propuestos y por su celeridad a la hora de encontrar soluciones a los problemas, las dificultades y las equivocaciones; que también las ha habido, de parte y parte.

Y así fue mientras cursé mis estudios doctorales en la Universidad de Granada, y así fue cuando permanecí fuera del país, una vez concluido el doctorado, realizando una investigación posdoctoral en París. Y continúa siendo así ahora que estoy de regreso, finalizados ya mis estudios de posgrado.

Claro que hay aspectos a mejorar, como en cualquier institución. Dos aspectos me vienen a la cabeza: ofrecer la posibilidad de hacer el crédito en pesos colombianos y no cobrar intereses sobre el crédito mientras se están cursando los estudios. Eso quizás podría ser tema de otra columna, pero lo que me interesa señalar es la buena disposición y la presteza para buscar soluciones a las dificultades —como la del caso reciente de la condonación adicional por parte de la Presidencia a los estudiantes que en los últimos años se han visto afectados por la devaluación del peso colombiano— que surgen y que no pueden constituirse en un obstáculo para el óptimo desarrollo de la labor de una institución que presta tan importante servicio a los estudiantes del país.

[email protected], @Los_atalayas

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