Por: Álvaro Forero Tascón

Paguemos el muro entre ambos

Responder estratégicamente a los ataques humillantes de Donald Trump no va a ser fácil para México.

Trump escogió las figuras del muro y de los mexicanos “violadores” porque son narrativas eficaces para hacer lo que hacen los populistas: aprovechar o crear enemigos a quienes echarles la culpa de problemas difíciles de resolver porque son en parte responsabilidad de personas como el populista. La culpa de la pérdida de poder adquisitivo e influencia de los obreros blancos que decidieron la elección de Trump, no es de México. Ni de los inmigrantes mexicanos que hacen trabajos que nadie más quiere hacer. Es de los Estados Unidos que se inventó la globalización para su beneficio. Pero plantear soluciones costosas a problemas complejos, como reducir la desigualdad interna en lugar de tratar de exportarla, no es de populistas.

Las principales armas del populista son la simplificación y la pelea. Sin la simplificación no pueden convencer a la masa, presentar los problemas en blanco y negro y las soluciones inútiles como mágicas. La simplificación permite engañar con verdades a medias, apalancadas por rabia y circo. La simplificación es tan peligrosa porque tiende a hacer un diagnóstico equivocado del problema, o por lo menos parcial, y si éste está errado o es incompleto, la receta para solucionarlo también. Pero sobre todo, les permite pelear, y el populista no es más que un peleador. Sin pelear desaparece porque deja de explotar los odios de sus seguidores, deja de tener un enemigo a quien culpar y al cual chuparle su identidad inversa.

Por eso, tratar de enfrentar al populista peleándole de vuelta es intentar apagar el incendio con gasolina. Es difícil no hacerlo porque con su agresividad el populista logra nublar la razón del “enemigo”, y pone en juego su honra. El presidente de México hoy tiene tanta presión para pelear de parte de sus compatriotas, como del propio Trump. El incendio populista se alimenta solo, y por eso, puede sobrevivir años sin resolver los problemas de raíz. Cualquier avance inmediato genera sensación de triunfo, así esté ahondando el problema.

A pesar de su ineficacia en el largo plazo, el populista logra victorias tempranas a golpes. Pero lo que le mantiene el apoyo popular en el mediano plazo es que su víctima desprecie o ataque a sus rabiosos seguidores. Desde el momento en que la víctima se defiende, gradúa de enemigos a los seguidores del populista y entra al círculo vicioso del populismo.

Si el presidente de México contestara, por ejemplo, paguemos el muro entre los dos, pero si garantiza que también se detenga el flujo de armas y de drogas que está matando a los mexicanos, reduciría la polarización y llevaría el problema a una discusión compleja donde desaparecería el atractivo atrabiliario del muro y surgirían preguntas sobre su efectividad. La única manera de defenderse del populista es conectándose también con su base de apoyo popular para desactivarla paulatinamente. Para poder explicarle que las recetas del populista son como el remedio que tapa los síntomas de la enfermedad, y que en realidad es un obstáculo para resolver el problema de fondo. Y que, como todo populista, juega doble. Trump, el gringo, está devolviendo la frase de “green go home”. Tendrá el mismo resultado.

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