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Lorenzo Madrigal 11 Ago 2013 - 10:00 pm

País justiciero

Lorenzo Madrigal

La justicia no es hoy aquella bella mujer escotada y ligera hasta el talle imperio y bien de carnes hasta el tobillo: los ojos vendados, la espada reluciente, la balanza en equilibrio. Hoy la venda, que le cubre media cara, la favorece, pues su rostro es un mal recuerdo de lo que fue.

Por: Lorenzo Madrigal

País de muchos crímenes, somos el más justiciero. El escrúpulo jurídico campea al lado de la mayor corrupción, con el dinero a rodos, a disposición de los más osados. “¡Que se pudran en la cárcel!” es el grito de los unos contra los otros, no importa si lo emiten quienes han conducido borrachos pero sin que se haya producido un resultado fatal.

Al jovencito irresponsable, que embriagado y a altísima velocidad disparó su carro, se le va a juzgar por el resultado de esa acción, que clasifica como culpa grave. Una norma, sin embargo, que más parece de tránsito que penal, ha tipificado el conducir en embriaguez como delito doloso.

Tal regulación pasa por encima de las viejas teorías del animus necandi (intención de matar) que exponían para configurar el dolo los asimismo viejos tratadistas del derecho penal. Sabios juristas sabrán de la imputabilidad de este delito, en especial los de la escuela positiva en la que Enrico Ferri formó a Jorge Eliécer Gaitán, político y penalista epónimo de nuestro foro.

Lo acaecido es espantoso. Es una locura que un auténtico proyectil serpentee la vía pública dirigido por una mente trastocada por el licor y el vértigo veleidoso. Todo ello, en otras épocas del derecho penal, constituía —lo que también sorprende— un atenuante para medir la gravedad de los hechos. Algo así como la ira y el intenso dolor en los casos de homicidio.

Hoy es dolo eventual y lleva a sanción de muchos años. En un joven es la ruina de su vida. Ya no son tres sino cuatro las existencias truncadas por el accidente.

Sin desconocer la magnitud del daño, pienso que debe analizarse a fondo de dónde proviene tanta irresponsabilidad y por tanto la responsabilidad del hecho. ¿Una persona alicorada tiene conciencia de sus actos? Es asunto complejo, lo ha dicho el fiscal general. Se parece a la licencia de portar armas y al evento, difícil de controlar, de portarlas en estado de embriaguez.

No basta, pues, con el mero grito populista de “¡púdrase en la cárcel!” proferido por muchos, que a lo mejor han llegado a sus casas sin un resultado de muerte, pero igualmente, cantando la marinera, dejando mal cerrado el garaje y encendidas las luces del coche. Al amanecer alguno de ellos habrá dicho: ¡qué bárbaro!, ¿habré hecho algún daño?

***

Curioso. Gaitán fue asesinado el mismo día en que amaneció defendiendo ante jurado a un teniente que asesinó a mansalva, en su oficina, a un periodista que lo había injuriado. Y lo sacó libre. Nadie ha elucubrado si este hecho incidió en el magnicidio.

  • Lorenzo Madrigal | Elespectador.com

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