Por: J. William Pearl

Papa

Si con este artículo me caen rayos y centellas, lo entendería.

Benedicto XVI dimitió a los 86 años de edad y para los católicos no es nada fácil, nadie vivo ha visto o vivido una situación similar.

Gregorio XII fue el último papa en renunciar en el año 1415. La razón que dio Joseph Ratzinger es que “ si un papa se da cuenta de que ya no es física, psicológica o espiritualmente capaz de ejercer el cargo, entonces tiene derecho y en algunos casos, el deber de dimitir”.

No le falta razón: Si la iglesia católica es bastante más joven que su líder, al papa le queda muy difícil entenderlos, llegarles con lo que piensan y sobre todo moverse por la tierra predicando.

Pero existen temas de fondo que lo llevaron a dimitir. Los escándalos de pederastia, la crisis del banco del Vaticano y los Vatileaks. Benedicto XVI fue bastante exigente con el tema del abuso sexual a menores por parte de los sacerdotes y fue claro en que no permitiría dentro de la iglesia a quienes hubieran cometido esos delitos. Para él, la solución no consistía en cambiar a los cuestionados de diócesis. Impulsó e impuso los juicios a los responsables en múltiples jurisdicciones distintas al Vaticano, pero no se libró de tener la imagen de ser el protector de los pederastas. Le faltaron capacidad de comunicación y olfato político. El papa cambió la moneda del Vaticano a Euros, abriendo la puerta a que las investigaciones por malos manejos trasciendan los pasillos secretos de la iglesia de San Pedro y sean del resorte de la Comunidad Económica Europea. Sin embargo, no tiene la imagen de un transformador con carácter.

Pero aun cuando estos temas son muy importantes y afectan el desarrollo normal de la iglesia no parecen ser el tema de fondo.
Al parecer existe una confrontación entre los llamados progresistas, quienes estarían a favor del aborto, de los anticonceptivos, de que los curas se casen y de darle un giro a la iglesia católica. ¿Modernizarla o no hacerlo? Esa es la pregunta y ese es el reto del sucesor de Joseph Ratzinger.

La lucha de poderes entre los cardenales Bertone y Sedano tal vez llevó a Benedicto XVI a aceptar que “ya no está en capacidad de ejercer el cargo”. El teólogo se desgastó, el político fracasó y el ser humano aceptó con humildad, que la iglesia necesita a alguien diferente para superar sus retos actuales.

¿Cómo compaginar la tradición, las visiones teológicas y el reto de mantener la iglesia vigente en un mundo tan cambiante?
La renuncia del papa refleja una crisis de inmensas proporciones en la iglesia católica.

¿Cómo manejarán los cardenales los problemas que atañen a Dios y afectan los hombres?

Los líderes católicos pueden interpretar esta renuncia como un acto de debilidad o como uno de grandeza. Si lo interpretan como una debilidad del papa dimitente, poco cambiará y seguramente los católicos verán cómo sus representados se empeñan en mantener las conductas y valores que los han alejado de sus fieles en el último siglo.

Por el contrario, si interpretan la dimisión de Ratzinger como un acto de humildad y generosidad de alguien que deja el poder para pasarle un mensaje claro y contundente a su institución, los líderes católicos buscarán una manera de hacer cambios graduales pero certeros que conduzcan hacia la modernización de la iglesia.

Al papa actual, lo enterrará un papa, algo nunca visto por nosotros. ¿Será este nuevo papa quien también entierre definitivamente a la iglesia, o por el contrario el líder que la transforme en una institución que armonice los mensajes de Dios con la era moderna?

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