Miguel Ángel Bastenier 8 Jul 2012 - 1:00 am

Lo que pasa en España

Miguel Ángel Bastenier

El que fue ministro de Economía de Felipe González, el socialista Carlos Solchaga, dio sin haberlo previsto la explicación metafísica perfecta de la pavorosa crisis que nos asola, cuando muy a principio de los años 90 dijo en un semanario en La Habana que “España había tenido un ataque de riqueza”. Era premonitorio, aunque entonces todavía no condenatorio.

Por: Miguel Ángel Bastenier

Los causantes directos de la crisis están en muchas partes y tienen grados diversos de responsabilidad. Primero hay unas fuerzas financieras desmelenadas que en casi todo el mundo occidental, pero particularmente en Europa y Estados Unidos, veían la riqueza como un asiento contable, capaz de multiplicarse de manera indefinida, aunque no hubiera sostén productivo detrás.

Esa fiebre afectó muy particularmente a esos españoles que se veían súbitamente, sin haber ido a la escuela el tiempo necesario para matizar e interpretar la realidad, con más recursos económicos de los que habían soñado en su vida.

En España ha habido unos años, los 90 y el comienzo del siglo XXI, en los que había una verdadera competición para endeudarse y con ello mejorar el nivel de vida. El particular pedía desaforadamente créditos y, lo que es peor, las instituciones apropiadas se los concedían con la mayor insouciance. ¿Por qué? Porque aparentemente todo el mundo salía ganando: los que obtenían ese dinero, y los responsables intermedios y no tan intermedios de las instituciones de crédito, porque hacían méritos ante sus superiores trayendo clientes o agenciándose pingües comisiones.

Por supuesto que entre los responsables mayores están nuestros gobernantes, a ninguno de los cuales se le ocurrió que la burbuja de la falsa riqueza, que en España era la industria de la construcción, tendría que explotar algún día por agotamiento del mercado. Pero no fue así. Y como se dice en inglés: a plague on both their houses, socialistas y populares (PSOE y PP), porque ninguno se salva de la quema.

Y así es como nos encontramos en una Europa en la que la libertad de operación económica ha crecido desmesuradamente en los últimos 10 o más años sin que la capacidad de control de las instituciones europeas se reforzara de manera parecida. En el seno de la UE se podía negociar sin tasa, vender, comprar, prestar y endeudarse, mientras los poderes públicos europeos veían cambiar de manos el fajo de billetes virtuales, sin arte ni parte en el asunto.

No hace falta decir que en esa coyuntura, en la que se genera un empobrecimiento masivo de la sociedad —unos cuantos ganaron más plata que nunca en la crisis del 29—, hay quien hace su agosto, y eso es también lo que está pasando en España.

Hace sólo una semanas que apenas cuatro especialistas sabían qué era eso de la prima de riesgo. Y hace sólo unos meses los responsables decían, poniendo cara de que compadecían a Italia, que llegar a los 300 puntos era una catástrofe. La semana pasada la prima de riesgo de España —lo que hay que pagar de interés por los dineros que el Estado toma en préstamo— rozó los 600 puntos, y hoy casi nos sentimos aliviados porque ha vuelto a los 500.

Los españoles saben ya que esa prima es todo un riesgo. Y contra esa fragilidad de la economía española hay poderosos intereses financieros que apuestan a la catástrofe de la que sacarán pingües beneficios, como puede ser apartar a España de terrenos en los que la inversión nacional ocupa lugares preponderantes, tal que ocurre en algunos mercados latinoamericanos, con la intención de ocupar su sitio.

Cuando el famoso corralito argentino, hace ya más de 20 años, un prominentísimo periodista argentino me contó una historia sumamente edificante. El ministro de Economía de su país iba a hacer un importante viaje a Estados Unidos para entrevistarse con empresarios aún más prominentes, a los que debería interesar en soltar la plata para su país. Y para ello tenía un plan que consideraba infalible. “Cuando me presente ante los norteamericanos” —le dijo al periodista—, “les haré ver cómo ante la crisis los españoles van a abandonarlo todo y ellos —los empresarios— podrán quedarse con lo que haya por una miseria”. No ocurrió nada de ello porque sus interlocutores vinieron a decirle que si así trataban a los españoles, no había garantía alguna de que no hicieran un día lo mismo con ellos.

Pero, manos negras aparte, y subrayando que el capitalismo financiero y especulativo que es el primer responsable del cataclismo, los españoles han —hemos— construido un país de campo y playa, con excelentes atractivos, la mejor gastronomía del mundo, y que me perdonen en La Tour d’Argent de París, pero que no fabrica nada que necesite el resto del mundo excepto el mayor número de días de sol al año. Y si Europa se resfría agarramos una pulmonía. Eso es lo que pasa en España. Pero no se inquieten que nos recuperaremos.

 

* Columnista de El País de España.

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