Por: Ana María Cano Posada

La pauta y el periodismo

Cuando un tema da punto para volverse asunto que mueve la opinión pública es porque ha tocado un nervio, dado que este país tiene un umbral de dolor bajo. El tema de pautas comerciales versus periodismo ha tocado sensibilidades y no es una picadura de mosco.

Coinciden tres hechos en mostrar la distorsión de los medios, que deberían discutirla las facultades de periodismo, las fundaciones que buscan cambiar el oficio y las lánguidas agremiaciones, para destapar su calado. Los tres hechos son: una columna de opinión llamada “Petróleo, escuelas y espadas”, publicada en marzo de este año por Mauricio García en El Espectador y que mereció el Premio Simón Bolívar por desarrollar la relación entre exportación de recursos naturales y retraso en el desarrollo del capital humano de un país; el segundo es la salida del columnista Daniel Pardo de Kien & Ke por un artículo (“Pacific es Colombia”), donde señala el formato con que esa empresa ha neutralizado con pauta algunos medios en el país, y el tercer hecho es que la directora de Kien & Ke (quien luego renunció) era también jurado del Premio Simón Bolívar.

La mesa está servida para una discusión a fondo sobre cómo cierto periodismo llamado empresarial o corporativo ha venido tiñendo de información lo que es interés comercial puro. Tiene que haber tocado la conciencia de periodistas pensantes, si se juzga por el número de artículos de opinión dedicados al tema: María Elvira Samper, “De eso tan bueno no dan tanto”, 17 de junio, El Espectador; Daniel Pardo, “Pacific es Colombia”, 13 de octubre, Kien & Ke; Carlos Cortés, “La ventana indiscreta: cómo se despide a un periodista”, 22 de octubre, La Silla Vacía; Catalina Ruiz-Navarro, “Falso dilema”, 24 de octubre, El Espectador; Mauricio García, “Los medios del petróleo”, 27 de octubre, El Espectador; César Rodríguez “Kién es kién en Pacific Rubiales”, 30 octubre, El Espectador; “Kómo, ké y porké”, Mauricio Pombo, 30 de octubre, El Tiempo. Ellos dibujan la frontera sutil que se ha desvanecido entre la dirección de un medio y su gerencia, entre lo editorial y lo comercial. El pérfido invento del periodista-empresario, que asume a la vez la rienda informativa y la comercial y trabaja para explotar al medio en su propio usufructo y que hoy admiten altas esferas periodísticas, quedando a la misma altura de los cargaladrillos de provincia que para compensar sus sueldos de hambre son obligados a recoger noticias y a la vez avisos.

Y es que ha quedado en evidencia una nueva puerta giratoria de los periodistas que se vuelven empresarios, la de los que ejercen el oficio y también venden publicidad y un último torniquete, que camufla en el lucrativo negocio de las consultorías en relaciones públicas de postín a informadores activos que usan “sus buenos oficios” para disuadir, convencer, seducir o silenciar asuntos sobre empresas o personajes que los contratan y esfuman inconvenientes para los intereses de sus contratistas. Es una doble inmunidad: de quien contrata, que hace confidencial el servicio, y de quien lo presta, que tampoco lo hace público.

También está masificada la free press, nada gratuita, que deja pasar en algunos medios masivos boletines de prensa de entidades gubernamentales o privadas como información.

El caudal de plata invertido por Pacific Rubiales en pauta, en un foro de periodismo en Semana, en el cubrimiento de la campaña de Estados Unidos por la Cadena Ser y Caracol Radio, en invitaciones masivas a partidos de la selección de Colombia en Barranquilla, o en otros medios, desactiva sus denuncias laborales y fiscales. Y lo peor, augura que la profusión de empresas mineras que buscan la riqueza del país usará ese mismo formato: distraer sus desafueros comprando figuras que legitimen su presencia en el país. Y el periodismo sufrirá el embate del capital y la opinión despojará de credibilidad al cuarto poder que ha ido dejando de serlo.

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