Por: Elisabeth Ungar Bleier

La Paz Querida

Algunos lectores deben estar sorprendidos por la falta de originalidad de columnistas de varios periódicos del país, que en las últimas semanas hemos encabezado nuestras columnas con el nombre “La Paz Querida”.

La razón es sencilla. El pasado 28 de junio, después de varios meses de reflexionar sobre las implicaciones de la paz y sobre el compromiso y la responsabilidad de todos los que soñamos que una Colombia en paz es posible, un grupo de ciudadanos de diferentes profesiones y oficios, colores políticos diversos y visiones de país heterogéneas, asistimos al lanzamiento de esta iniciativa. Querer, entre muchas otras cosas, significa generosidad, ser capaz de dar, pero también de recibir, estar dispuesto a construir proyectos colectivos, estar abiertos a escuchar a otros y a ser escuchados, abrir espacios para cerrar las brechas de la desconfianza que nos impiden ver al otro, derribar prejuicios y muros que nos parecen infranqueables. La Paz Querida pretende ser esto y mucho más.

Pensar que alcanzar la paz será una tarea fácil, sería igual que decirnos una gran mentira. Poner fin a un conflicto armado de más de 50 años que ha dejado más de un millón de víctimas y desplazados; que ha generado pobreza; que sirvió de excusa para violar los derechos fundamentales de hombres, mujeres y niños; que destruyó pueblos, escuelas y hospitales; que diluyó las fronteras de la ética ciudadana y que impidió la construcción de un verdadero Estado Social de Derecho, no sólo es un objetivo inaplazable, sino una responsabilidad de todos los colombianos. Construir una paz estable y duradera va a tomar muchos años, va a requerir grandes inversiones y seguramente sacrificios. Sin embargo, desde ya, todos podemos aportar desde nuestras vivencias, experiencias, aprendizajes y saberes, y sobre todo a partir de nuestras prácticas y acciones cotidianas. Por ejemplo, facilitando espacios de diálogo y de convivencia en nuestro trabajo, la escuela o la universidad, en los espacios públicos, en nuestra vida privada. No es con discursos grandilocuentes, ni sembrando el miedo, ni generando falsas expectativas, ni utilizando la guerra o la paz para promover proyectos políticos personales como se va a avanzar en el posacuerdo y el posconflicto.

Esto es lo que yo me imagino de la Paz Querida. La Paz que nos permite a todos los ciudadanos de Colombia decir yo respeto y cuido lo público como uno de mis bienes más preciados y antepongo el interés general a los intereses particulares. Una paz en la que todos tenemos la posibilidad de participar en la construcción de una sociedad donde nos respetemos como somos, sin distingos de credo, preferencias sexuales, posición social o económica o creencias políticas. Una paz donde todos podemos expresarnos sin temor a ser censurados. Donde el miedo es reemplazado por la esperanza y donde el nunca más tanta barbarie, tanta injusticia, tanta incomprensión, se convierte en realidad.

Como dijo Elie Wiesel, sobreviviente del horror de los campos de concentración del nazismo y premio Nobel de Paz: “Lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia”. Que el ejemplo de este hombre, quien falleció hace unos días a los 87 años, nos ilumine para que la paz se convierta en nuestro bien más querido y entierre para siempre nuestra indiferencia.

*Directora Ejecutiva, Transparencia por Colombia, @eungar1

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