Por: Nicolás Rodríguez

Peligrosos y obedientes desplazados

Cuentan las actas de la comisión especial de rehabilitación creada en 1958 con el objetivo de "rehabilitar" la zonas afectadas por lo que se conoce desde entonces como "la violencia", que en alguna ocasión el ministro de Obras Públicas, Virgilio Barco, pidió precaución en las medidas que trataban de la ocupación de tierras.

Sobre los muchos desplazados de Norte del Santander que ya habitaban en Venezuela, explicó, por ejemplo, que ante una medida oficial tendiente a restituir sus tierras “podrían regresar en masa provocando un problema social”.

Con todo, muchos de esos desplazados rehicieron sus vidas de la mano del Estado y sus programas de colonización. Las actas, de nuevo, así lo ilustran: se habla de “gestores de la colonización”, de “una promisoria colonización”, de abrir frentes capaces de “absorber los numerosos núcleos de desplazados”. Eran épocas de rehabilitación, entonces, pero también de pacificación. Junto a las escuelas, las carreteras y los médicos con sus inyecciones, venían las cárceles y la policía. Al paso de “la violencia”, el propio Estado crecía y se construía. Hacía presencia.

Cincuenta y tantos años después, esos mismos campesinos que se hicieron colonos por obra y gracia de “la violencia”, ahora son vistos con suspicacia. El ex presidente Uribe, presunto amigo y ultra defensor de lo rural, desconfió por completo de su autonomía. En dialecto uribista, el campesino que fue colono y tuvo a bien convertir en Zona de Reserva Campesina la traumática experiencia que supuso el desplazamiento, ahora es una amenaza. Una zona roja, que llaman.

Y peor aún: para quienes el campesino desplazado no se convirtió necesariamente en un bandolero, sí surgió, junto con las nuevas violencias y discursos humanitarios de los noventas, la también problemática idea de la víctima. Pues antes que campesino a secas, por miedo a su inesperada autonomía al desplazado se lo redujo a la tranquilizadora figura de la víctima que requiere ayuda. Y antes bien: que agradezcan.

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