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Iván Mejía Álvarez 26 Ene 2013 - 9:00 pm

Hablemos claro

Pena ajena

Iván Mejía Álvarez

Cuando las aguas bajan mansas, cuando no hay nada para criticar, cuando pareciera que la dirigencia del fútbol aprendió la lección, siempre aparece la manzana podrida, la oveja descarriada, el sujeto de turno para alborotar el avispero, para confundir la gimnasia con la magnesia y volver a poner el fútbol en entredicho y en boca de todos los estamentos.

Por: Iván Mejía Álvarez
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Siempre habrá un bocazas impertinente, torpe y necio, un mediocre que se quiere volver figura por sus barbaridades.

Ayer era González Alzate, el nefasto personajillo de la Difútbol, un bueno para nada, alentando la agresión contra las mujeres y después hablando de homosexualismo de los árbitros. Hoy es un individuo de apellido Salazar, dueño-presidente-gerente-técnico del Itagüí, quien sale a decir que los jugadores de fútbol son unas prostitutas. Y calificando a un colega que grabó su declaración como un “bandido”. Un lenguaje que ofendería a las mismas a las que comparó con los futbolistas.

Millos y Chicó tenían una diferencia por Jhonny Ramírez; no es el primer ni será el único caso en que dos clubes se enfrentan por un futbolista. Chicó decía tener un contrato firmado hasta diciembre de 2013; el jugador y Millonarios afirmaban tener claro que la vinculación laboral iba hasta diciembre 31 de 2012. Los dos decían poseer los documentos y lo más sencillo era confrontar esos papeles y llevar el caso a un tribunal de arbitramento. Sencillo, expedito, sin necesidad de agredirse ni maltratarse.

Todo parecía normal hasta que intervino Salazar y mostró su impronta, su estilito, su manera de hablar y de comportarse. Igual que cuando desafía a un colega dirigente en la puerta de un hotel en Barranquilla, o cuando agrede verbalmente al técnico Gómez desde la tribuna en el estadio de Ditaires o cuando envía recados amenazantes contra los periodistas que no le soportan su vulgaridad y ordinariez. Este individuo cree que todo lo puede solucionar a la brava, con las armas, con la lengua, con la fuerza, no existe en él el menor atisbo de inteligencia o racionalidad, tan solo el espíritu camorrero y procaz. No pasará nada, todo seguirá igual, la Dimayor no pone en práctica sus estatutos y permite que algunos salgan del redil y ensucien el agua de todos, cuando lo lógico es llevar un sujeto como Salazar a un tribunal ético.

Qué pensarán sus empleados, los que juegan en el Itagüí, cuando saben que ese patrón los llama simple y llanamente prostitutas. Qué vergüenza trabajar para un individuo así.

Lo dicho, la paz del fútbol es pasajera, siempre habrá un González Alzate o un Salazar…

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