Por: Hernán Peláez Restrepo

Pensar mejor

Por estos días, al presidente de la Dimayor, Jorge Perdomo, le dio por hablar, por comunicar decisiones poco afortunadas para el futuro inmediato de su entidad. O no piensa para hablar o resulta un ventrílocuo de otros personajes. No entiendo si 36 socios, afiliados o la larga lista dueños de la Dimayor guardan silencio sobre dos anuncios que evidentemente van contra ellos mismos.

Por ejemplo, amén de la sanción económica, que representa jugar a puerta cerrada o con alguna tribuna clausurada en un estadio, ahora proponen una sanción deportiva, equivalente a la pérdida de tres puntos, cada vez que uno o varios desadaptados hinchas propicien escándalo, con pólvora o agresiones físicas.

Citar la intención en Cali de cerrar el Pascual Guerrero por tres fechas al América significa la pérdida de, al menos, de $3.000 millones, mal contados.

La Dimayor, con unos socios despistados, considera que castigos deportivos y económicos señalan el camino más efectivo para la educación de las barras o hinchas. ¿Se puede imaginar uno lo que ocurrirá faltando tres fechas para la terminación del campeonato, cuando está por conocerse la sentencia del descenso? ¿Con toda clase de suspicacias o realidades, soborno, incentivación, arbitraje de dudosa ortografía y las mañas propias de quienes quieren ver ganadores a unos y perdedores a otros, y se aplique a rajatabla aquello de la pérdida de puntos en el escritorio?

Como dice el dicho: los equipos se clavan el cuchillo ellos mismos, o uno menos dramático: tendrán que comer de su propio cocinado. O no cayeron en cuenta o no pensaron en las consecuencias de esta medida.

Otra declaración curiosa del señor Perdomo está referida al anuncio del servicio de televisión para un futuro. Habla de consolidar la operación con la televisión cerrada, que me parece lógica y normal. Lo que no puede ignorar es que hace poco refrendaron un contrato con televisión abierta (RCN) por cinco años. A no ser que lo den por terminado unilateralmente y paguen la indemnización correspondiente por incumplimiento.

Es probable que puedan pagar, porque tanto la federación como la Dimayor nadan, en este invierno, en billete. Ahora bien, ¿por qué la Dimayor no ayuda a los equipos a organizar la instalación de cámaras de seguridad en los estadios, asunto prometido, a carnetizar a los integrantes de barras bravas, a dar pistas para conseguir ayuda de seguridad privada, más allá del pago por servicios policiales tradicionales?

Hay una pregunta y no de ahora: en las asambleas de socios-dueños de Dimayor, ¿los participantes están seguros e ilustrados para aprobar o no tantas ideas brillantes?

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