Por: Cartas de los lectores

Pensiones en Colombia

Grave daño le generaron a los trabajadores la creación de los fondos particulares de pensiones, que debilitaron la fortaleza del sistema pensional del Seguro Social.

Dichos aportes ahora los destinan a sociedades anónimas, con ánimo de lucro y no de servicio social para la comunidad. Además, invierten buena parte de los recursos captados en el juego especulativo de la bolsa de valores, poniendo en riesgo el futuro de los jubilados. Ojalá algún día la sociedad reaccione y corrija ese exabrupto.


También se requiere un revolcón que acabe con el sinnúmero de jubilaciones pagadas por el erario, y aprobadas “sin cumplir el total de los requisitos exigidos por la ley”, según denuncia la contralora general de la República, Sandra Morelli. El desmonte de privilegios es indispensable para adoptar un estatuto fundamentado en la justicia social. Por ser la alta burocracia que goza de excepcionales pensiones, será labor titánica que el cambio se decida por ley tramitada por los congresistas. La regla de oro debiera ser (partiendo de una misma edad para jubilarse), que cada colombiano que la cumpla y no tenga otros medios de subsistencia reciba una pensión adecuada del Estado y que las personas acaudaladas, aunque hayan cotizado por obligación legal, no tengan derecho a disfrutarla. Es realista de empezar a combatir la miseria y repartir socialmente el ingreso. Ojalá haya llegado el momento de proponer una legislación de verdadera avanzada social. Que la prosperidad democrática pase de los enunciados a las acciones. Premonitoriamente, Eduardo Santos, ilustre pariente de nuestro actual presidente, dio ejemplo de decoro al ceder su pensión vitalicia a la Academia Colombiana de Historia. Siendo un demócrata liberal con verdadero sentido de la justicia social, seguramente le remordía su conciencia el captar dinero de los fondos públicos, innecesario para su subsistencia, ante la inmensa cauda de un pueblo sumido en la miseria.


 Jorge Arbeláez Manrique. Bogotá.


Paro camionero


Increíble, los camioneros colapsaron a Bogotá por vías de hecho y no de derecho; mientras la capital se sumerge en el total caos el Alcalde no aparece, la autoridad sin dirección hace lo que puede y nada pasa, excepto que millones de capitalinos quedan inmersos en la inmovilización.


 Rafael Jordan Rueda. Bogotá.


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