Por: J. William Pearl

Perdida

En Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido entre otros países, las mujeres al contraer nupcias pierden algo que las ha acompañado toda la vida, algo que las identifica plenamente. Su apellido.

Naturalmente dicho cambio es opcional, pero forma parte de la cultura. En sociedades que se precian de ser igualitarias, es por lo menos extraño que las mujeres puedan perder su apellido de nacimiento al casarse. Una persona que toda la vida ha tenido un apellido, ¿como puede pasar a tener otro? La persona pierde su identidad, el apellido es como una marca que llevan las personas. Debe ser muy complicado acostumbrarse a uno nuevo, pero más que eso, es el machismo el tema de fondo. ¿ Por qué razón el hombre no se pone el apellido de la señora ? La pérdida de identidad es muy grande para las mujeres y es como decirles de frente, tú vales menos que un hombre, por ese motivo tu apellido no vale tanto.

La otra pérdida es para el apellido de ellas, pues el que tenían pasa al olvido; ser papá de una mujer en esos países tiene que ser muy frustrante, pues saben que al contraer nupcias se borra parte de su pasado. Lo otro que les toca hacer a las mujeres cuando se casan, es cambiar sus papeles de identidad. Sin mencionar el costo y tiempo que conlleva el cambio de documentos.

Aparentemente solamente es una cuestión cultural, pero conlleva mucha carga emocional esa decisión, al fin de cuentas pasa a ser una pérdida grande. Pero tiene que ser mucho más que eso, es como si a una persona le quitaran parte de su ser. Es como si el apellido pasara a mejor vida, o de pronto a peor vida, es decir al olvido eterno.

¿Cómo hace una persona para localizar una antigua amiga, después de muchos años de no verla, si ésta ya perdió su apellido? Por mucho internet que haya hoy en día, de qué serviría ¿si la persona es otra, la antigua ya no existe, y sin su apellido no puede ser encontrada ? Mejor dicho, la nueva tecnología no es muy aplicable en estos casos. La tecnología va por un lado y la cultura en este caso por otro.

De hecho, un estudio llevado a cabo por TheKnot.com dice que el 86% de las mujeres que se van a casar en los Estados Unidos, cambiarían su apellido por el del marido, es un tema cultural que está bien marcado en esos países. Es una cifra alta, tratándose de un país que se supone igualitario. En los años de 1650´s una mujer activista, llamada Lucy Stone, lideró un famoso movimiento que pretendía que las mujeres en los Estados Unidos pudieran conservar su apellido de solteras. Estamos en 2012 y muy poco ha cambiado, pues la gran mayoría de las mujeres siguen adoptando el apellido de sus maridos. No es que el intento de la señora Stone no hubiera sido bueno, simplemente no prosperó la idea. Dichas culturas van en diferente sentido de lo que pregonan, el poder cambiarse el apellido es una simple opción, pero la tradición pesa mucho en la toma de decisión. Pocas mujeres optan por conservar su apellido de solteras, es decir la libertad que representan es muy diferente a lo que se vive al contraer nupcias.

En estos y otros países es una cuestión cultural, no se percibe como una pérdida, más bien se ve como un cambio de vida, la mujer ocupa un nuevo hogar y pasa ser parte una nueva familia. No es algo peyorativo, ni malo; simplemente es percibido como un evento adicional. La cultura y la tradición dicen que es algo normal, en ese ambiente nacieron y así crecieron.

Muchas cosas pueden decirse sobre el tema, existirán personas que están de acuerdo y otras en contra, lo realmente importante es que la mujer pueda decidir sin perjuicio alguno. Sin ser tachada por no querer cambiar de apellido. ¿Eso no es la libertad?

De otro lado, con la tasa tan alta de divorcios, ¿para que cambiarse el apellido?

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