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Alberto Carrasquilla 2 Sep 2012 - 11:00 pm

Periodismo Bonillista

Alberto Carrasquilla

Maria Elvira Bonilla publicó una columna titulada “Alberto Carrasquilla y la Asepsia Tecnocrática” a la cual me permito hacer cinco comentarios.

Por: Alberto Carrasquilla
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    http://www.elespectador.com/opinion/periodismo-bonillista-columna-372035
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Primero, cuando yo me retiré del Ministerio de Hacienda en marzo de 2007, al Doctor Abadía le faltaba casi un año para posesionarse como Gobernador. Por tal razón, la afirmación de que yo lo “inspiré” para financiar su plan de inversiones con vigencias futuras es rotundamente falsa. Salvo, por supuesto, que la inspiración fuese metafísica.

Segundo, es cierto que el Doctor Ezequiel Lenis, Secretario de Hacienda en la gobernación del Dr. Abadía, trabajó muchos años en el Ministerio de Hacienda. De hecho, ejerció como poderoso Director General de Presupuesto cuando el Presidente Santos y el Ministro Juan Camilo Restrepo, ocuparon la cartera. En 2002, en el contexto de la renovación que introdujimos, el Dr. Lenis salió del Ministerio y por ende jamás trabajó conmigo.

Tercero, en el curso del proceso electoral de finales del 2011, recibí una amable llamada del Dr. Useche inquiriendo sobre mi disposición a prestar asesoría en materia de Hacienda en el Valle, en caso de resultar elegido. Le contesté que lo haría gustosamente, lo mismo que le hubiera contestado a cualquier otro candidato aquí o en el exterior con un lío fiscal similar en frente. Jamás pertenecí a ningún comité de apoyo del candidato ni ejercí cargo o contrato alguno en su posterior Gobierno, como lo sugiere la columnista con fundamento único en alguna desatinada nota de prensa. De hecho, no conozco personalmente al Dr. Useche: la llamada que me hizo es el único contacto que en mi vida he tenido con él.

Cuarto, es cierto que sesiona un tribunal de arbitramento cuyo propósito es decidir si el Departamento le debe o no le debe dinero a unos particulares. La figura del tribunal de arbitramento, contrario a lo que irrespetuosamente implica la columnista al afirmar que sus decisiones dependen de quien “viabiliza” su convocatoria, ha demostrado enormes bondades en nuestro país, tan precario en materia de justicia ordinaria, y es una institución respetada en la comunidad jurídica y en el sector privado. En el caso que comenta la Dra. Bonilla, dicho tribunal está compuesto por tres juristas del más alto nivel, quienes, sin duda, actuarán en justicia.

Quinto, en el contexto de dicho tribunal la entidad que estructuró unos proyectos de inversión en el Valle me formuló trece preguntas concretas, atinentes, fundamentalmente, a los cálculos financieros que ellos estimaron en el contexto de tres familias de proyectos de inversión, a las tasas de retorno de los concesionarios que eventualmente se encargarían de ellas y a algunos estimativos alternativos conocidos por la Gobernación del Valle. Tras evaluar con cuidado información públicamente disponible, varias familias de proyecciones de tipo financiero y un estudio de muy cuestionable calidad que nos pidieron comentar, la conclusión que saqué, junto con tres distinguidos profesionales de distintos ramos, fue que los estructuradores cumplieron lo que las convocatorias y los contratos los obligaban a hacer, que las tasas de retorno estimadas tenían sustento técnico y que los retornos implicados para los eventuales concesionarios guardaban proporción con las observadas en el mercado colombiano en general.

Para terminar, supongo que la Dra. Bonilla busca, con las mejores intenciones, ligar mi nombre al “bando” de personas cuestionadas y a la “corrupción” concomitante, con el fin de desprestigiar mi análisis, influir sobre la lectura que de él hagan los árbitros y ahorrarle unos recursos a las arcas públicas. Bella persona. También se nota que al amparo de tan noble propósito, poco le importa dedicar unos minutos a la tarea de averiguar bien los hechos, leer los documentos, verificar las fechas y es obvio que poco le interesa el daño colateral que producen sus absurdas insinuaciones. El país tiene un exceso creciente de esta Asepsia mediática, de este irritante periodismo Bonillista, y el costo para la calidad y la altura del debate público en general y el periodismo de opinión, en particular, salta a la vista de cualquiera con dos dedos de frente.

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