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Hugo Sabogal 13 Oct 2012 - 11:00 pm

La perla negra de Montefalco

Hugo Sabogal

El responsable de este hallazgo es Mark Perlman, amigo del vino y de la vida, con un corazón tan grande que difícilmente cabe en su armazón de casi dos metros de estatura. Lo mejor que ha hecho Mark en los últimos años es traernos algunas de las más extraordinarias joyas vitícolas del Viejo y del Nuevo Mundo.

Por: Hugo Sabogal
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La última sorpresa me la presentó hace un par de semanas. No sin cierto temor me advirtió que se trataba de un desconocido vino italiano que inspira, a quienes lo prueban, más odios que pasiones. ¿La razón? Es el vino más seco y tánico (léase astringente) producido en el mundo. Es tan potentemente monstruoso que hombres y mujeres, después de probarlo, dejan de salivar por un momento y quedan con los labios pegados a los dientes. No es, definitivamente, para aquellos que aprecian la suavidad y la tersura. Pero sí lo es para quienes gozan de los vinos intensos y oscuros (mejor dicho, negros); vinos de aromas animales y vegetales a la vez; de sabores secos y explosivos. Así es el Sagrantino di Montefalco, que, en algunos casos, no sólo iguala sino que sobrepasa a otros poderosos vinos peninsulares como el Barolo del Piamonte, el Amarone del Veneto o el Brunello de la Toscana.

El Sagrantino proviene de Umbría, en la zona central de la bota italiana, región bastante conocida por sus reliquias medievales, entre ellas varias iglesias ubicadas en la misma Montefalco.

El otro tesoro, sin duda, es la uva Sagrantino, que también encierra en su etimología una referencia sacra. Cuenta la historia que este antiguo cepaje fue introducido en Montefalco en los siglos XIV y XV, por monjes franciscanos que regresaban de sus largos y prolongados peregrinajes por Asia Menor. Y como la variedad se identificaba con religiosos apegados a los sacramentos eclesiásticos, se la bautizó con el nombre de Sagrantino. En aquella época, la uva se convertía en vino dulce, utilizado para la celebración de la eucaristía.

Tradicionalmente, los racimos de Sagrantino se han secado al sol, en un proceso destinado, precisamente, a producir vinos dulces. Pero sin saber exactamente cuándo, la Sagrantino comenzó a manejarse sin el acostumbrado secado hasta obtener un vino seco. Bien seco (o secco, como se dice en italiano). Además, la variedad presenta naturalmente altos niveles de taninos y de acidez natural, convirtiéndola en una bebida casi amenazante, tanto en nariz como en boca. Su crianza en barrica y botella puede extenderse hasta por 48 meses.

Cuando se deja evolucionar en copa, sus intensos aromas recuerdan ciruelas y moras negras, canela, violetas, salvia, chocolate negro y tierra húmeda. Se trata de impresiones que nos obligan a pensar en platos contundentes a base de venado, faisán o cordero, y, por supuesto, hechos en largas cocciones. Menos no le hace mella.

Algunas de las marcas más conocidas de Sagrantino di Montefalco son Martinelli, Paolo Bea y Arnaldo Caprai. Esta última fue, justamente, la que abrió Mark para degustar.

Confieso que no me levanté de la mesa hasta haber terminado la última gota. Simplemente me hechizó. Fue como irme de paseo por la Italia sacra e imperial. La misma que estudié en la universidad. El Sagrantino, en dicho sentido, no pertenece a estos tiempos.

Y ojo: son apenas 100 hectáreas de cepaje puro cultivadas en Montefalco, con menos de 30 productores especializados. Es decir, un rareza. Así es que si lo suyo es explorar sin remilgos un vino así, arriésguese y haga la prueba. Quizás lo odie. Quizás lo ame. Con el Sagrantino, no hay términos medios.

Entre copas y entre mesas www.elsibaritaurbano.com

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Ocossa

Dom, 10/14/2012 - 15:46
El vino procede de las vides que se cultuvaban en los montes Zagros, hace miles de años. Tal vez allá existan algunas cepas que aún no conocemos, que nos puedan brindar vinos extraordinarios. Tal vez el sagrantino sea de esta especie.
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