Por: Rodolfo Arango

Perspectivas de futuro

El segundo período de Santos promete ser peor que el anterior. Con menos gobernabilidad en el Congreso y a nivel regional y local, persistirá en su idea de un país minero para construir infraestructura y vivienda urbana, destruyendo de paso el medio ambiente y entregando la riqueza nacional a los particulares.

Iniciando el cuarto año de gobierno Santos entramos en la recta final hacia las elecciones de 2014. El presidente quiere su reelección. Con esfuerzo la logrará. Tiene toda la maquinaria y la billetera del Estado a su favor. Hace rato está en campaña entregando viviendas gratis por todo el país. Por si las dudas, reparte ahora la mermelada entre propios y ajenos. Por vía del Partido Verde la coalición invita incluso a Progresistas a unírsele contra el candidato de Uribe en caso de que éste pase a segunda vuelta. Lo crucial no es tanto quién, sino cómo gobernará al país entre 2014 y 2018.

Esto en época de pos conflicto y con la supuesta promesa de reparar a las víctimas y de recuperar el campo vía la agroindustria extensiva, mientras que en el interregno son asesinados montones de líderes de tierras y defensores de derechos humanos, sin que la tan prometida restitución arroje los resultados prometidos. Toda una cuadradura del círculo es la que propone Santos para su segundo mandato.

Entre ajedrecistas, todos se entienden. A las Farc conviene un Santos debilitado políticamente en la fase de consolidación. No tanto como para que antes lo derrote Uribe, claro está. A mediano plazo, la profundización del modelo Carimagua-Ríopaila-Cargill haría evidentes las contradicciones santistas y la necesidad de un cambio en el modelo económico. Tal parece ser el pensamiento guerrillero. De lo contrario no se explicaría el permanente torpedeo a los avances en la negociación, buscando que ésta vaya al ritmo de sus conveniencias. En perfecta sincronía con la fase electoral, las FARC saben que el triunfo de Santos depende finalmente de un acuerdo de paz creíble antes de diciembre del presente año.

Lo anterior sucede en un contexto de escalamiento de la violencia, tan común en época electoral. Tampoco los involucrados ayudan a impedirlo con alusiones riesgosas y lengua viperina. Política sin violencia no parece admisible para el imaginario nacional. Todo lo cual es comprensible: está en juego el botín burocrático y el acceso a contratos y oportunidades económicas, legales e ilegales. Triste, muy triste, es el nivel de conciencia democrática, razonamiento ético y capacidad deliberativa de la población en general, tan acostumbrada a la imposición por la fuerza, a la cobardía de las armas y a las soluciones a sangre y fuego. El gran reto de las generaciones futuras será llevar a cabo una completa reforma educativa y cultural que destierre para siempre al autoritarismo, al machismo y a la ignorancia del país.

Bien diferente sería la perspectiva de futuro si las guerrillas de las Farc y del Eln tuvieran que negociar la consolidación de la paz con un partido democrático, social, antimilitarista y defensor de los intereses nacionales y del bienestar real de los excluidos. Los riesgos no serían pocos. Es tarea del Polo Democrático Alternativo presentar un proyecto de consolidación, sólido y factible, que profundice la construcción de una sociedad de iguales, diferente a los proyectos de Santos y de Uribe que tanto engaño, sufrimiento y daño han traído al pueblo colombiano.

 

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