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Thomas L. Friedman 17 Nov 2012 - 11:00 pm

La pesadilla de Obama

Thomas L. Friedman

El escándalo sexual que envuelve a dos de nuestros máximos oficiales no podría estar llegando en peor momento: Oriente Medio nunca ha sido tan inestable.

Por: Thomas L. Friedman
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Prácticamente cada presidente estadounidense desde Dwight Eisenhower ha tenido un país de Oriente Medio que le causó pena. Para Ike, fue la guerra civil de Líbano y la invasión israelí del Sinaí. Para Lyndon Johnson fue la Guerra de Seis Días de 1967. Para Nixon fue la guerra de 1973. Para Carter fue la Revolución de Irán. Para Ronald Reagan fue Líbano. Para George H.W. Bush fue Irak. Para Bill Clinton fue Al Qaeda y Afganistán. Para George W. Bush fue Irak y Afganistán. Para el primer mandato de Barack Obama fue Irán y Afganistán, de nuevo.

Y para el segundo mandato temo que podría ser la pesadilla completa: todos a la vez. Todo Oriente Medio estalla en un gigantesco espectáculo de guerras civiles, estados viniéndose abajo y dislocaciones de refugiados, al tiempo que la piedra angular de la región entera —Siria— se resquebraja. Y usted preocupándose por el “abismo fiscal”.

Desde el comienzo de la insurrección/guerra civil de Siria, he advertido que mientras Libia, Egipto, Yemen, Bahréin y Túnez implotan, Siria explotaría de no encontrarse una resolución política. Eso es exactamente lo que está pasando.

La razón de que Siria explote se debe a que sus fronteras son artificiales y todas sus comunidades internas —suníes, chiitas, alauitas, kurdos, drusos y cristianos— están vinculadas con hermanos en países cercanos y están intentando atraerlos al interior para que las ayuden. Aunado a esto, Arabia Saudita, dirigida por suníes, está peleando una guerra por representación en contra de Irán, gobernado por chiitas, en Siria y Bahréin, que es la base de la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos. Bahréin presenció una serie de bombardeos la semana pasada mientras el régimen encabezado por bahreiníes suníes despojaba de su ciudadanía a 31 activistas políticos de fe chiita. En tanto, alguien en Siria ha decidido empezar a lanzar proyectiles de mortero hacia Israel. Además, por la noche del martes estallaron violentas protestas antigubernamentales a lo largo de Jordania debido al aumento del precio de la gasolina. ¿Qué hacer? Yo sigo creyendo que la mejor forma de entender las verdaderas opciones es mediante el estudio de Irak, que, al igual que Siria, está integrado mayormente por suníes, chiitas, cristianos y kurdos. ¿Por qué Irak no explotó hacia afuera como Siria tras la remoción de Sadam Husein? La respuesta: Estados Unidos.

Para bien o para mal, Estados Unidos desempeñó en Irak el equivalente geopolítico de caer sobre una granada que nosotros mismos activamos. Esto es, sacamos la clavija, sacamos a Sadam, desatamos una enorme explosión en la forma de una lucha chiita-suní por el poder. Miles de iraquíes murieron a la par de más de 4.700 soldados estadounidenses, pero la presencia de esas tropas estadounidenses dentro y a lo largo de las fronteras de Irak impidió que la violencia se extendiera. Nuestra invasión desató la guerra civil en Irak y la contuvo al mismo tiempo. Después de que se extinguió la guerra civil suní-chiita por sí sola, nosotros mediamos en un frágil acuerdo para compartir el poder entre chiitas, suníes y kurdos iraquíes. Después, salimos. No está para nada claro que su acuerdo vaya a sobrevivir a nuestra partida.

De cualquier forma, la lección es que si estás intentando derrocar a uno de estos regímenes multisectarios bajo un puño de hierro, realmente ayuda tener una potencia exterior que pueda contener las explosiones y mediar en un nuevo orden. Hay muy poca confianza en estas sociedades para que ellos lo hagan por sí solos. Sin embargo, la guerra civil de Siria fue iniciada por rebeldes predominantemente suníes que intentaban expulsar al presidente Bashar Al Asad y su régimen minoritario de alauitas-chiitas. No hay potencia externa dispuesta a caer sobre la granada siria y mediar en un nuevo orden. Así que allí el fuego arde sin control; el número de refugiados se está desbordando y el veneno chiita-suní desatado por el conflicto sirio está tensando las relaciones entre estas mismas comunidades en Irak, Bahréin, Líbano, Arabia Saudita, Turquía y Kuwait.

Sin embargo, Irak enseña otra lección: chiitas y suníes no están destinados a asesinarse mutuamente las 24 horas del día. Sí, su guerra civil se remonta al siglo VII. Y sí, cuando empezaron a pelear en Irak, lo hicieron con sobrecogedora violencia. No hay nada como una pelea dentro de la fe. Aun así, una vez restablecido el orden, chiitas y suníes iraquíes, muchos de los cuales se han casado entre sí, estaban dispuestos a trabajar juntos e incluso a postularse juntos en las elecciones de 2009-10.

Así que la situación no está perdida. Sé que hay oficiales estadounidenses hipnotizados por la idea de convertir a Siria del grupo iraní al occidental mediante el derrocamiento de Al Asad. Eso también haría mi día, pero dudo que pusiera fin al conflicto.

Temo que el derrocamiento de Al Asad, sin un tercer partido neutral dentro de Siria para arbitrar una transición, podría conducir no sólo a una guerra civil permanente sino a una que se extienda por toda la región. Realmente es poco probable, pero deberíamos seguir intentando trabajar con Rusia —el abogado de Siria— para ver si podemos mediar juntos en un acuerdo para compartir el poder dentro de Siria, así como una fuerza multinacional encabezada por Naciones Unidas para que lo supervise. De lo contrario, este incendio arderá y se extenderá, así como el ácido del conflicto chiita-suní se come los vínculos que mantienen a Oriente Medio unido entre esta región y el caos.

 

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