Petro: cuando perder es ganar un poco

Los resultados de una encuesta que muestra mejoría en la imagen del alcalde, luego del desastre de su metodología para recoger las basuras, invitan a reflexionar sobre la paradoja de un fracaso en la gestión, acompañado de una estrategia exitosa para promoverse.

Las encuestas son una fotografía de la opinión en un momento determinado. Correctamente realizadas, son completamente confiables. Para muchos debió resultar extraño que el alcalde mejorara su imagen luego de registrar que se equivocó en el manejo de un tema que compromete importantes recursos de la ciudad. Pero no solo él. Miembros de su gabinete reconocieron el fracaso y pidieron la renuncia del responsable del acueducto. No fue cosa de la oposición. Nadie lo obligó a anunciar que retomaría el manejo de las basuras ni a adelantar una estrategia tan secreta que fracasó sin que él mismo se enterara, hasta días después. Ni que reculara, debiendo recurrir a los responsables de lo que llamó y sigue llamando las “mafias”, que deben serlo menos ahora que trabajan para su gobierno. ¿Estarán premiando los bogotanos tanto desorden?

¿Se merece el alcalde su repunte en las encuestas? No parece, pero puede ser real, aunque duradero, quien sabe. El asunto es que nuestro burgomaestre, de regular para abajo como administrador, se da “mañas” para aparecer permanentemente en los medios y seducir incautos que lo empiezan a considerar un moderno Robín Hood.( a propósito: usted votaría por el hombre de la flecha para administrar un presupuesto billonario?¿Le confiaría el manejo de su patrimonio?)

Asistimos a un fenómeno mediático que, para no equivocarnos, es fundamental en una democracia informada. El proceso de formación de la opinión pone gobernantes pero difícilmente los quita. Salvo el triunfo del voto en blanco en una elección en un municipio de Antioquia, de revocatorias poco. Petro lo sabía y lo sabe. Por eso desde esta columna expresamos, en su momento, que la revocatoria parecía promovida por él, antes de que lo reconociera expresando que la idea no le disgustaba del todo, lo cual es apenas obvio siempre que le permitiera su posicionamiento mediático. Eso es de lo que se trata.

Un ejemplo de la manera como el alcalde maneja su imagen se puede encontrar en el publicitado debate sobre las corridas de toros. ¿Cuál será la correlación entre tauromaquia y pobreza, de la cual quiere aparecer como abanderado? Habría que hilar muy fino para encontrarla, pero el país todavía conversa sobre la situación de la Santamaría y sobre Petro. No importa si todo se improvisa y el presupuesto de la ciudad no se ejecuta oportunamente. Tampoco si resulta más costoso el viaje de la ciudad hacia un pasado nefasto o contratar, camiones desechados en otros países. El humor cachaco reapareció al señalar que al alcalde le quedó grande recoger las basuras de la ciudad, pero se trajo la de los Estados Unidos.

En serio, vale la pena dar una mirada a las cifras presentadas por el Ex Alcalde Jaime Castro, fundador de la nueva Bogotá y creador de su actual marco institucional, en su última columna en la que se refiere a los costos del populismo o escuchar los argumentos del ministro Vargas Lleras quien, cifras en mano, responsabiliza al alcalde de paralizar la construcción en Bogotá, comenzando por las viviendas para los más pobres que dice defender.

La imagen no gobierna. ¿Se vale gobernar para ella? El caso del alcalde Petro fue ilustrado hace años por nuestro futbolero filósofo Maturana: perder es ganar un poco, solo que aquí pierde la ciudad y gana solo la imagen de un alcalde que, un año largo después, sigue ejerciendo como candidato.

@herejesyluis

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