Por: Patricia Lara Salive

Petro: mal gerente, ¿regular político?

Los bandazos del Alcalde desconciertan: Su renuncia al escrutinio de las firmas que piden el referendo sobre la revocatoria de su mandato era una jugada maestra, pues así adelantaba la votación y aseguraba que el Congreso, en receso, no alcanzara a pasar una ley para reducir el umbral de las revocatorias, lo que dificulta su triunfo.

Además, de esa forma, ponía en aprietos a la Procuraduría, ya que quizá ella no hubiera tenido tiempo de fallar el proceso que le abrió por el manejo de las basuras. Pero, seguro, sus asesores se asustaron con su jugada maestra y lo hicieron retroceder. Y ahora volvió a parecerse a los demás políticos que anteponen su aferramiento al poder a su dignidad.

Sin embargo, independientemente de que Petro hubiera ganado ese pulso, y de que tal vez el procurador no se hubiera atrevido a destituir a un alcalde de Bogotá recién refrendado electoralmente, hay verdades que él tiene que reconocer, a saber:

1. Que la mayoría de bogotanos desaprueba su gestión (61% según un sondeo de Abril de Napoleón Franco y 55% según otro de Mayo del Centro Nacional de Consultoría).

2. Que casi las tres quintas partes de los bogotanos tienen de él una imagen negativa.

3. Que parece que Petro no piensa que Bogotá es una gran empresa que debe manejar un gran gerente, con un presupuesto que hay que ejecutar en su totalidad y, entonces, por ejemplo, sigue, como en sus épocas de campaña, llegando a las reuniones con una o dos horas de retardo, retrasando las agendas, dando así mal ejemplo, sin importarle su descortesía ni la pérdida de recursos para la ciudad en cuanto a desperdicio de tiempo y salarios de sus funcionarios.

4. Que una cosa es ser, como lo fue él, un brillante senador de oposición, sacarles a los poderosos los cueros al sol, destapar entuertos y tumbar alcaldes, y otra muy distinta es gobernar, lo que significa manejar una empresa enorme y dar resultados.

5. Que si bien es muy cuestionable que el procurador se abrogue el derecho de destituir funcionarios elegidos popularmente, porque considera que una gestión estuvo mal desempeñada, la actuación de la Alcaldía en el caso de las basuras, no obstante sus buenas intenciones, fue un desastre empresarial, ocurrido por improvisación en un asunto vital para la ciudad.

6. Que para desempeñar bien una gerencia —máxime una tan difícil como la de Bogotá—, se requiere de un equipo calificado y estable.

7. Que esos resultados no se obtienen si éste se desbarata cada rato por roces con el jefe.

8. Que Petro fue elegido sólo por la tercera parte de los votos y, precisamente por eso, tenía que unir voluntades a su favor y conseguir apoyos distintos a los de su bancada, en lugar de dividir y exacerbar contradicciones y alejar, no sólo a sus posibles aliados, sino también a sus colaboradores más cercanos, como Daniel García Peña, uno de sus más fieles amigos.

9. Que a Antonio Navarro no podía dejarlo aburrir, pues es el único gerente de verdad que había en su grupo, el de mayor experiencia y el que más claro tiene que la política es el arte de sumar, no de restar.

10. Que él, como destacado dirigente progresista que ha sido, tiene una enorme responsabilidad: la de gobernar bien para que el proyecto político de la izquierda fructifique.

11. Que quienes ganan en política son los que consiguen que el mayor número de personas los quiera y los siga, y no los que logran que la mayoría los odie y los rechace.

12. Y, finalmente, que los políticos que triunfan, son los que saben escuchar…

 

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